Dr. JOSÉ MARÍA AGUILAR ORTIZ
La filosofía tiene, pues, una historia de sí misma como quehacer humano. A la filosofía en cierta medida aparte de sus contenidos, quiero decir de sus doctrinas concretas le han ido pasando cosas, y en esas vicisitudes se ha ido haciendo. Tiene, pues, una vida»; al relato de este drama es a lo que llamo biografía de la filosofía».
Julián Marías (Biografía de la Filosofía) (1)
INTRODUCCIÓN
Hablando de un modo riguroso, vida humana es la vida individual, la de cada uno de nosotros, esa realidad radical a la que se ha referido Ortega y Gasset, dentro de la cual aparecen todas las formas de vida humana y todas las realidades. La biografía es, precisamente, el relato de la vida de una persona.
Sin embargo, vida humana es, también, la convivencia en los diferentes ámbitos: la familia, el colegio y los sitios de estudio, los lugares de trabajo y de recreo, ciertas instituciones como iglesias, asociaciones, clubes, los pueblos y ciudades, regiones, naciones y, ahora, con la revolución telemática, también el mundo entero. Y hay un modo de convivencia generacional que es la Historia.
La convivencia, una vez que sale de su nivel interindividual, incorpora un factor impersonal que es máximo en la vida social. Frente a lo impersonal de esta forma de vida destaca en ciertos ámbitos sociales una fuerte personalización de la convivencia. En estas circunstancias, me parece que es legítimo y acertado aplicar un método como el biográfico, pensado para el estudio de personas concretas.
Creo que el quehacer configurado alrededor de la vida profesional y científica de la Ergoftalmología española es una de esas realidades colectivas que tienen un marcado carácter personal y a la cual, como a la vida individual, puede aplicarse la biografía como método de estudio. La frase de Julián Marías sobre lo que él denomina Biografía de la Filosofía es, pues, igualmente aplicable a la Ergoftalmología.
Decía el gran historiador Marc Bloch (2), refiriéndose a la Historia: No hay más que una ciencia de los hombres en el tiempo, y esa ciencia tiene necesidad de unir el estudio de los muertos con el de los vivos». A tan sabio consejo se debe el que la presente Biografía» incluya tanto la aportación de nuestros colegas fallecidos como de los que siguen aún gozosamente entre nosotros.
LA OFTALMOLOGÍA LABORAL
Conviene recordar que el vocablo Ergoftalmología» fue inventado y utilizado por Hans Jurgen Merté para bautizar a la Sociedad Ergoftalmológica Internacional en 1966. Años después, en 1971, se empleó para la Sociedad Ergoftalmológica Española.
Aunque el término es excelente por ser estéticamente bonito y semánticamente extenso, no sería justo ni acertado prescindir de la denominación común de oftalmología laboral. Recordemos los célebres cursos que precedieron a la creación de nuestra Sociedad y que se denominaron Cursos de Oftalmología Laboral y Preventiva.
ERGOFTALMOLOGÍA Y TRAUMATOLOGÍA
Desde el inicio de nuestras indagaciones históricas, hemos observado dos hechos importantes.
1) El primero es la estrecha relación que existe entre la ergoftalmología y la traumatología.
2) El segundo, la independencia relativa de ambas disciplinas.
En esta presentación, dirigiremos nuestra atención sobre todo a la oftalmología laboral. La traumatología ocular, hoy ya una verdadera subespecialidad oftalmológica, merece una historia independiente.
LAS GENERACIONES OFTALMOLÓGICAS
A pesar de haber elegido una aproximación de tipo biográfico que considera la biografía de numerosos personajes de la oftalmología española y toma a la Ergoftalmología misma como sujeto biográfico, la propia realidad histórica de nuestro tema impone también una perspectiva generacional. La inclusión de los protagonistas dentro de su generación histórico-social conferirá rigor y concreción a nuestro trabajo.
Las generaciones constituyen un tema complejo que ha sido tratado magistralmente por pensadores españoles. Aquí nos basta con la breve definición de su principal teórico, Ortega y Gasset: Una generación es una zona de quince años durante la cual una cierta forma de vida fue vigente. La generación sería, pues, la unidad concreta de la auténtica cronología histórica, o dicho en otra forma, que la historia camina y procede por generaciones» (3).
Para establecer la serie de las generaciones españolas me atendré a las fechas, ampliamente aceptadas, que hace algún tiempo describió Julián Marías (4). Estas fechas son las centrales, pues cada generación abarca 15 años, siete años antes y siete años después de cada fecha central. La primera generación propiamente oftalmológica es la de 1826, a la que pertenecieron los fundadores de la especialidad, Delgado Jugo y Cervera y Royo. Para encontrar las siguientes, basta ir sumando quince años a esta fecha.
Para estudiar el nacimiento y desarrollo de la Ergoftalmología, he creído oportuno considerar cuatro períodos:
LOS PRECURSORES
La oftalmología comienza a interesarse por las cuestiones laborales a finales del siglo pasado, después de haberse constituido como especialidad en un mundo crecientemente industrializado. Los nuevos lugares y formas de trabajo, el inicio de la automoción y la paulatina profesionalización del deporte dan lugar a todo un campo nuevo de actividad que empieza a llamar la atención de algunos especialistas.
Entre los oftalmólogos que se aventuraron en este terreno destaca Juan Santos Fernández (La Habana, 1847-1922) (Fig. 1), perteneciente a la 2ª generación de oftalmólogos, es decir, a la de 1841. Desde su isla de Cuba, desarrolló una ingente labor. Publicó más de mil artículos a lo largo de 40 años de ejercicio, algunos de ellos de interés laboral y social, así como de tema traumatológico. De entre sus trabajos aparecidos en revistas españolas destacaremos Cuerpos extraños en la cámara anterior del ojo (5), La afaquia y el servicio militar (6) y Las heridas de la córnea por las hojas de trigo y las de caña (7). Participó activamente en reuniones profesionales a ambos lados del Atlántico y fue fundador de la revista Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana (1875) y cofundador, junto a Manuel Menacho Peirón, de los Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos. Su primer libro de oftalmología se tituló Higiene de la vista (1875).

Fig. 1. Juan Santos Fernández.
LOS PIONEROS
La oftalmología laboral como especialidad, o mejor, como campo definido de atención de los oftalmólogos, comienza a gestarse a finales del siglo pasado y abarca la obra de tres generaciones, las de 1856, 1871 y 1886, que abren paso al período fundacional, protagonizado por las generaciones de 1901 y 1916.
La primera generación de pioneros de la oftalmología del trabajo, y la más importante de las tres, es la de 1856, cuya gran figura es Manuel Menacho Peirón (1860-1934) (Fig. 2).
Fig. 2. Manuel Menacho Peirón.
Manuel Menacho es una personalidad ergoftalmológica creadora y, sin duda, uno de los grandes oftalmólogos españoles de todos los tiempos. Fundador de los Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos y de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, produjo una importantísima obra ergoftalmológica y traumatológica, cuya primera muestra es su artículo de 1889 sobre Aspectos del servicio militar obligatorio (8).
Participó en la primera sesión del X Congreso Internacional de Oftalmología, celebrado en Lucerna el año 1904 (9), dedicada a cuestiones relacionadas con la oftalmología laboral, y cuya influencia en sus trabajos posteriores es bien visible: Los accidentes de trabajo en el aparato visual: su evaluación (10) y Las exigencias de la industria respecto a la mano de obra en relación con la aptitud visual (11) Fue sensible a los problemas que ya entonces planteaban los vehículos automóviles (La visión de los conductores de automóviles (12) y Cuota mínima visual para los motoristas (13)).
A esta generación perteneció también Francisco Sanz Blanco, que se interesó en 1904 por la Influencia que en las anomalías de la refracción ocular ejercen las escuelas municipales de Madrid (14). Luis Verderau escribió en 1914 sobre las Condiciones higiénicas de la iluminación artificial (15) para exponer fundadamente su apoyo a la incandescencia eléctrica como mejor fuente de luz, y dedicó un curioso artículo a La escritura derecha y la inclinada desde el punto de vista higiénico infantil (16). Rodolfo del Castillo y Quartielliers, por su parte, tradujo el libro de Arlt sobre heridas del ojo desde el punto de vista médico legal.
Alrededor de 1908, el proyecto de ley de reclutamiento militar, que incluía un nuevo Cuadro de inutilidades» sobre el cual basar las exenciones del servicio militar, despertó la atención de la Sociedad Oftalmológica Española. Considerando la cuestión de gran importancia, se encargó a dos de los socios, los doctores García del Mazo y Adolfo Azoy, que elaboraran un Proyecto de Nuevo cuadro clasificador de las exenciones para el Ejército y la Marina» que ayudara a perfeccionar el proyectado. La Armada fue encomendada a García del Mazo y el Ejército a Adolfo Azoy, médico 1º de Sanidad Militar y perteneciente a la generación de 1871, quien redactó en 1908 un Proyecto de cuadro clasificador de las enfermedades, lesiones o defectos físicos en su relación con la aptitud física para el servicio militar (17). Sin embargo, la Sociedad Oftalmológica no quedó plenamente satisfecha en su deseo de ofrecer a los poderes públicos una obra que a la mayor brevedad fuese susceptible de aplicación práctica», por lo que nombró una nueva comisión de la que formó parte D. A. Morales, médico de S. M. Un año después, este autor presentó al XI Congreso Internacional de Oftalmología su informe sobre El nuevo Cuadro de Inutilidades» que regula el ingreso en el ejército español y acompaña al proyecto de ley de reclutamiento de 1909 (18), pero no fue el último porque, en un ejemplo de solapamiento de las generaciones, también Manuel Menacho, que ya había abordado una cuestión similar en 1898, se pronunció sobre esta relación de causas de exención, aunque lo hizo en 1912 (19), cuando la nueva ley de reclutamiento ya había sido aprobada.
También pertenece a la segunda generación de pioneros, la de 1871, Manuel Márquez Rodríguez (1872-1962) (Fig. 3) quien, en el programa de la asignatura de oftalmología de su cátedra de Madrid de 1913, incluyó en la parte especial lecciones sobre traumatismos oculares, higiene y medicina legal. De entre su nutrida producción científica interesa destacar dos contribuciones: Los errores del vulgo respecto al uso de cristales en los defectos de la vista (20) y La higiene de la vista en las profesiones liberales (21).
Fig. 3. Manuel Márquez
Rodríguez.
La generación de 1886 es una hornada de auténticas eminencias de la oftalmología cuya aportación es muy notable, pero el miembro más destacado en el terreno de la ergoftalmología fue Manuel Mérida Nicolich, oftalmólogo malagueño que sufrió en 1924 una gravísima agresión por arma de fuego de resultas de la cual quedó ciego. Se sobrepuso con energía admirable a esta tragedia y publicó una estremecedora autohistoria clínica» (Exoftalmo pulsátil, bilateral, traumático con queratitis neuroparalítica (22)), seguida de dos importantes trabajos. El primero de ellos, Aspecto médicosocial de la ceguera. Los ciegos en España (23), constituye uno de los estudios pioneros sobre este tema en nuestro país. En él describe la situación de la población invidente en varios países de Europa, la compara con la española, mucho más atrasada, y propone medidas para mejorar las condiciones de vida y las perspectivas socioeconómicas de los ciegos. La segunda aportación de Mérida Nicolich, plenamente ergoftalmológica, es su artículo de 1928 Azares de los ojos en las ocupaciones industriales (24). Da en él cuenta detallada de un informe del Comité Nacional para la Prevención de la Ceguera de los Estados Unidos y presenta las estadísticas de accidentes laborales, así como los tres factores fundamentales para reducir su incidencia: legislación, educación y prevención. Es un verdadero compendio de oftalmología laboral que, como es costumbre en Mérida Nicolich, va acompañado de una magnífica bibliografía internacional.
Otro representante insigne de esta generación, Hermenegildo Arruga Liró, realizó aportaciones importantes al campo de la traumatología ocular.
Manuel Marín Amat fue miembro de la Sociedad Española de Oftalmología durante muchos años y uno de los autores más prolíficos. Publicó numerosos trabajos sobre traumatología y estudió las causas de la ceguera de los niños en España. Por su condición de oftalmólogo de RENFE, adquirió gran experiencia en el diagnóstico y el tratamiento de los cuerpos extraños magnéticos.
Notables son, asimismo, las aportaciones de Galo Leoz Ortín en el terreno de la oftalmía simpática (25) o de las enfermedades profesionales (26).
LOS FUNDADORES
La fundación de la oftalmología laboral es obra de dos generaciones sucesivas: la de 1901 y la de 1916. La primera, a mi juicio, es la decisiva. A ella pertenecen José Casanovas Carnicer, Mario Esteban Aránguez y Fernando Palomar Collado.
La obra ergoftalmológica de José Casanovas Carnicer (1905-1994) (Fig. 4) es formidable. Publicó al menos 25 trabajos sobre temas laborales (27) tales como aptitud visual en el medio laboral, valoración de incapacidades e indemnizaciones, iluminación, color e higiene en el trabajo, enfermedades profesionales, traumatología laboral, determinación de la agudeza visual, tráfico vial y aéreo, etc...
Fig. 4. José Casanovas Carnicer.
Coordinó la publicación del libro Traumatología ocular y oftalmología laboral (28), que es la primera gran síntesis de la especialidad y un hito clave en la vida de la ergoftalmología española. La fecha de su primera edición, 1963, puede servir para señalar el nacimiento oficial de la subespecialidad en nuestro país, y la relación de colaboradores es una buena muestra de la colaboración multigeneracional en un proyecto de calidad. En cuanto al índice, refleja la madurez de la oftalmología laboral en los años sesenta y su íntima relación con la traumatología:
Aunque, sin duda alguna, José Casanovas es el representante principal de la especialidad, en su labor fundacional le acompañaron dos grandes figuras: Mario Esteban Aránguez y Fernando Palomar Collado.
La producción ergoftalmológica de Mario Esteban Aránguez (Fig. 5) es sobresaliente. Su primer trabajo en este campo data de 1926 y está dedicado a la simulación en oftalmología (29). En 1941 publica el libro Las funciones visuales en aeronáutica (30), al que sucedieron otros artículos también relacionados con la aviación, como Las llamadas visión negra y visión roja de los aviadores (31) y Aptitudes visuales en aeronáutica (32). En cuanto a la oftalmología laboral en sentido más estricto, fue autor de los siguientes trabajos: Algunos aspectos médico-legales de oftalmología en medicina del trabajo (33), Consideraciones sobre la valoración de incapacidades de causa ocular en los accidentes de trabajo (34) y Bases para establecer la aptitud visual necesaria a los conductores de automóviles (35).
Fig. 5. Mario Esteban Aránguez.
Fernando Palomar Collado tiene también una importante obra ergoftalmológica que se inicia tempranamente con el artículo La queratoconjuntivitis de los artistas y operadores de cine (36) y sigue con Anillo-disco de Palomar Collado como optotipo base para una escala universal de agudeza visual (37), trabajo en el que el autor justifica su búsqueda de una solución al problema de la medida de la agudeza visual por su cargo de Jefe del Servicio Oftalmológico del Instituto Psicotécnico de Barcelona: ... me veo obligado a reconocer diariamente [...] a un gran número de individuos (aviadores, chóferes, maquinistas del Metro, conductores de filobuses, tranviarios, etc., aparte de los casos de orientación profesional), desde el punto de vista de sus condiciones visuales que pueden hacerles aptos o no para la profesión solicitada, y en los de orientación aconsejarles la más apropiada a las condiciones que posean». Es de esta actividad, tan estrechamente relacionada con la oftalmología laboral, de donde deriva su rica producción ergoftalmológica, que alcanza reconocimiento oficial al serle concedido uno de los dos Premios de la Dirección General de Sanidad del año 1950 al trabajo titulado La función visual como factor de orientación profesional (38). En él se refleja la importancia que Fernando Palomar Collado otorgaba a la misión de orientar a los individuos en el mundo laboral, la cual, a su juicio, no es tan sencilla como parece, sino que implica problemas de orden anatomofisiológico y patológico a la par que es una función social, por lo que no es fácil a cualquier oftalmólogo dar un buen consejo de orientación profesional, si no se halla en contacto con el medio laboral, pues aparte de que la exploración de la función visual en relación con el trabajo requiere el conocimiento previo de las condiciones en que se realiza la labor en cada oficio, trabajo u ocupación y en las diversas manipulaciones o factorías del mismo, hay que saber las condiciones visuales mínimas que cada labor requiere y las contraindicaciones que pueden existir por alteraciones o defectos visuales o los perjuicios que puede acarrear al individuo una determinada labor y medio de evitarlos.» Insiste, por ello, en la exploración de la función visual que debe preceder a toda sugerencia de orientación, expone con detalle cuáles deben ser sus etapas y procedimientos, todo ello en relación con las distintas profesiones, y comunica que su equipo está elaborando una ficha de aptitudes visuales profesionales para cada oficio, la cual, a su juicio, puede facilitar la compleja labor de la orientación profesional.
La generación de 1916 realiza una obra ergoftalmológica que se imbrica con la de la generación anterior desde fechas tempranas. Tanto es así que Juan Junceda Avello es el otro ganador del Premio de la Dirección General de Sanidad de 1950, también con un ensayo sobre La función visual como elemento de la orientación profesional (39). En este caso, el capítulo dedicado a la exploración en sí es más breve que el de Fernando Palomar, porque el grueso del texto se dedica a los requisitos visuales de las distintas profesiones, que el autor divide en exigentes (agudeza visual 10/10), no exigentes (A.V. entre 9/10 y 4/10), tolerantes (A.V. entre 4/10 y 1/10) y de ciegos (A.V. entre 1/10 y 0/10). Describe con mayor detalle la aviación, el motorismo, la marina, los ferrocarriles y el metro», las escuelas técnicas de arquitectura, ingeniería o topografía, las profesiones de visión próxima (relojeros, grabadores, bordadoras, etc.), las profesiones universitarias como médicos, químicos y abogados, las profesiones estéticas, las profesiones que exigen normalidad anatómica, astrónomos e histopatólogos, las profesiones no exigentes y las profesiones para ciegos.
Además de este trabajo premiado, Juan Junceda Avello abordó el problema de La ceguera, sus causas y profilaxis... (40) y, ya en nuestros Anales, en colaboración con J. I. Muro, Iluminación y factores asociados en el nistagmus de los mineros (41). La Sociedad Ergoftalmológica española le encomendó redactar la ponencia sobre Enfermedades profesionales en oftalmología (42), de la que hablaremos más adelante. Ya en 1989, su colaboración en el II Congreso de Medicina del Trabajo se tituló Valoración oftalmológica de la visión.
José Luis Del Río Cabañas es aún más precoz en su dedicación a la oftalmología laboral, pues su artículo Valoración sanitaria y económica de las lesiones oculares por accidentes de trabajo (43) data de 1943. De 1964 es Los defectos visuales como causa de accidentes de trabajo y su prevención (44). A lo largo de su dilatada carrera, José Luis Del Río prestó especial atención a la traumatología ocular y, en concreto, a las fracturas orbitarias, por lo que nuestra sociedad le confió la ponencia sobre este tema (45), como veremos más adelante.
José María Aguilar Bartolomé y Emilio Gil del Río tienen una producción ergoftalmológica muy importante, pero su mejor contribución fue fruto de un trabajo en común. En otro lugar he dicho que, sin la profunda y sincera amistad que se profesaron, no se entendería la ergoftalmología española actual (46).
Sus principales contribuciones conjuntas a la ergoftalmología española son las siguientes:
LOS CURSOS DE OFTALMOLOGÍA LABORAL Y PREVENTIVA
I Curso de Oftalmología Laboral y
Preventiva (Vitoria, 10-12 de Julio de 1969)
Organizadores: José María Aguilar Bartolomé y Emilio Gil
del Río.
Patrocinador: Ministerio de Trabajo.
Temas tratados: iluminación, cuerpos extraños, protección,
radiaciones, intoxicaciones, discromatopsias, heridas y
contusiones.
II Curso de Oftalmología Laboral y
Preventiva (Madrid, 11-16 de Mayo de 1970)
Organizadores: José María Aguilar Bartolomé y Emilio Gil del
Río.
Patrocinadores: Ministerio de Trabajo e Instituto Nacional de
Previsión.
Temas tratados: prevención de enfermedades oculares laborales,
agudeza visual, quemaduras y causticaciones, cataratas
traumáticas, glaucoma postraumático, desprendimiento de retina
en oftalmología laboral, etc.
III Curso de Oftalmología Laboral y
Preventiva (Cádiz, 5-9 de Abril de 1971)
Organizador: J. P. Pérez-Llorca Rodrigo.
Patrocinadores: Ministerio de Trabajo e Instituto Nacional de
Previsión.
Temas tratados: prevención, asistencia, rehabilitación.
IV Curso de Oftalmología Laboral y
Preventiva (Madrid, 11-13 de Abril de 1972)
Organizadores: José María Aguilar Bartolomé y Emilio Gil
del Río.
Patrocinadores: Ministerio de Trabajo, Instituto Nacional de
Previsión y Plan Nacional de Higiene y Seguridad en el Trabajo.
Temas tratados: iluminación, exámenes previos y periódicos,
rehabilitación en ergoftalmología.
V Curso de Oftalmología Laboral y
Preventiva (Salamanca, 16 y 17 de Enero de 1981)
Organizadores: José María Aguilar Bartolomé, Emilio Gil
del Río y Emiliano Hernández Benito.
Colaboración oficial: Servicio Social de Higiene y Seguridad en
el Trabajo.
Temas tratados: radiaciones en oftalmología laboral, exámenes
oftalmológicos en medicina del trabajo.
FUNDACIÓN DE LA SOCIEDAD ERGOFTALMOLÓGICA ESPAÑOLA
Se constituyó en 1971 de manera extraoficial y recibió carácter oficial ante notario el 18 de Abril de 1972. Su primera Junta Directiva data del 20 de Septiembre de ese año, y su composición era la siguiente:
PRESIDENTE DE HONOR
Prof. Dr. Alejando Palomar Palomar
JUNTA DIRECTIVA
PRESIDENTE
Dr. Emilio Gil del Río
VICEPRESIDENTE
Prof. Dr. Rafael Bartolozzi Sánchez
SECRETARIO GENERAL
Dr. José María Aguilar Bartolomé
TESORERO
Dr. Carlos García Alix
VOCALES
Dr. Antonio Alcalá López
Dr. Luis Dolcet Buxeres
Dr. Gustavo Leoz de la Fuente
Dr. José Luis Menezo Rozalén
Dr. Angel Fernández González
Dr. Jaime Pérez Llorca Rodrigo
Dr. Ulpiano Sánchez Peña
Dr. Javier Pérez Irisarri
Dr. Cristóbal Garrigoso Ceniceros
Dr. Juan Murube del Castillo
El origen de nuestra sociedad está en el encargo que la Sociedad Ergoftalmológica Internacional formuló durante el XXI Congreso Internacional de Oftalmología del año 1970, celebrado en Méjico, al Dr. Gil del Río para que impulsara la creación de una Sociedad Española de Ergoftalmología.
LOS ANALES DE LA SOCIEDAD ERGOFTALMOLÓGICA
El primer número, de Septiembre de 1971, es anterior a la fundación de la Sociedad Ergoftalmológica Española, y se imprimió y publicó en la ciudad de Vitoria (47). En su editorial, Emilio Gil del Río afirma: En estos Anales tendrán cabida todos los trabajos relacionados con la Ergoftalmología, es decir, no sólo la oftalmología desde el punto de vista preventivo, asistencial y rehabilitador, sino también los otros problemas íntimamente ligados al tema, como son los problemas de iluminación o de legislación».
La participación extranjera en los Anales es muy importante desde el inicio, no en vano se convierte en la única revista internacional de Ergoftalmología. El intento de crear una publicación por parte de la Sociedad Ergoftalmológica Internacional resultó un fracaso y, desde 1984, la edición de los Anales de la Sociedad Ergoftalmológica Española se convirtió en Edición Internacional.
PRIMER CONGRESO MUNDIAL DE ERGOFTALMOLOGÍA
El prestigio internacional adquirido por la oftalmología española y por la ergoftalmología en concreto, como consecuencia de los Cursos de Oftalmología Laboral y Preventiva, quedó reconocido cuando la Sociedad Internacional de Ergoftalmología encargó a nuestra sociedad la organización del Primer Congreso Mundial de Ergoftalmología, que se celebró en Madrid en 1973. Es una fecha clave en la vida de la ergoftalmología española. La participación de nuestros compatriotas fue importantísima y les granjeó crédito y reputación internacionales.
LA PONENCIA SOBRE ILUMINACIÓN Y TRABAJO
Comentaremos esta obra conjunta en un futuro trabajo dedicado a los Congresos de la Sociedad Ergoftalmológica Española.
En cuanto a la aportación individual de José María Aguilar Bartolomé (Fig. 6) a la ergoftalmología, estuvo basada en su condición de oftalmólogo completo cuyo interés por esta subespecialidad no decayó ni siquiera cuando, a su alrededor, cundía cierto desánimo. Creía firmemente en la necesidad de formar oftalmólogos laborales que supieran afrontar y resolver los problemas particulares que surgen en el mundo del trabajo (48). Se ocupó asimismo de problemas traumatológicos (contusiones, cuerpos extraños) (49) y de los problemas visuales derivados del desarrollo de la informática (50, 51), así como de la fatiga visual en el trabajo (52).
Fig. 6. José María Aguilar
Bartolomé.
En cuanto a la obra de Emilio Gil del Río, es extensa y variada, como corresponde a sus conocimientos teóricos, verdaderamente enciclopédicos. A lo largo de más de treinta años de dedicación a cuestiones relacionadas con la oftalmología laboral, ha tocado temas tales como ayudas visuales (53), protección (54-57), pantallas de ordenadores (58-60), accidentes laborales (61) o simulación (62). Es autor del libro La protección del ojo y prevención de accidentes, publicado en Bilbao en 1983. Nuestra sociedad le confió el desarrollo de dos ponencias, de las que hablaremos al comentar los Congresos de nuestra Sociedad.
LA GENERACIÓN DE 1931
Esta generación se incorpora también con gran entusiasmo a la ergoftalmología. Exponente máximo de ella es Mario Esteban de Antonio (Fig. 7). Sin duda influyeron en él el ejemplo y la dedicación de su padre, Mario Esteban Aránguez, pero, además de aportar un estilo personalísimo, Mario Esteban de Antonio contribuye con una obra prodigiosa en amplitud y profundidad.
Fig. 7. Mario Esteban de Antonio.
Podemos clasificar su aportación en varios apartados, aunque los temas se solapan en unos y otros.
OFTALMOLOGÍA AERONÁUTICA
1958 El error humano como causa de accidentes aéreos: problemas visuales (63).
1959 Higiene visual del aviador (64).
1960 La visión en los vuelos interplanetarios (65).
1961 La fatiga visual de los radaristas (66).
1962 Las lentes de contacto para el personal de vuelo (67).
1962 Edad límite del piloto español (68).
1962 La miopía adquirida del aviador (69).
1965 La visión nocturna y el vuelo (70).
1966 Fisiopatología del sentido cromático y aviación (71).
1966 Envejecimiento visual del aviador (72).
1970 Problemas de refracción ocular en el vuelo (73).
1960-1989 Investigaciones sobre problemas de visión binocular en los aviadores (74).
OFTALMOLOGÍA Y TRÁFICO
1962 El envejecimiento visual del conductor de automóviles (75).
1962 Estudio de los fallos humanos en el conductor, diurnos y nocturnos, en relación con las alteraciones sensoriales (76).
1965 La aptitud del conductor de automóviles (77).
1988 Sobre el papel que nuestra sociedad debiera tener como entidad asesora sobre temas de visión y tráfico» (78).
1989 Visión y tráfico. Ponencia oficial de la Soc. Ergof. Esp. En colaboración con C. Tello Fernández, G. Perdriel y E. Gil del Río (79).
1992 Publicación en los An Soc Ergof Esp de artículos complementarios de la ponencia Visión y Tráfico (80-88).
1993 Fonctions visuelles et conduite automobile (89).
1994 Le permis de conduire espagnol (90).
En nuestro V Congreso, reunió a un grupo de brillantes colaboradores para participar en una Mesa Redonda sobre simulación y, como él mismo explica, le apenó que la magnífica labor de todos ellos quedara inédita, por lo que les animó a publicar el conjunto en una magnífica monografía que vio la luz el año 1986: La simulación en ergoftalmología (M. Esteban de Antonio, M. Arribas Nanclares, E. Gil del Río, F. Gómez de Liaño Cobaleda, L. Jiménez Cazorla, J. Laiseca Negro, J. Murube del Castillo, O. Negrete Rojas, J. Peiro Artal, J. F. Peiro Ibáñez, T. Pellicer Lorca, J. L. Pérez Salvador y C. Tello Fernández (91)).
OTROS TEMAS
Visión cromática, rehabilitación visual, aptitud visual y trabajo, enfermedades profesionales, monoftalmía, historia de la ergoftalmología.
Dentro de esta misma generación de 1931, Fernando Palomar Petit fue el director de una completa monografía que recogía las colaboraciones de varios autores (J. M. Otero Navascués, F. Palomar Petit, E. Mawas, C. Garrigosa, F. de P. Sala, F. Prandi, J. Mallas, J. Bruix, A. Riera, E. Lavara, M. Quintana, M. Esteban, P. Bec, M. Linares, R. Trepat, V. Carredano, F. Pumarola, A. Riera, L. Olivé, J. Soler, F. Duch, J. Wollensak, J. Casanovas, N. Perales, J. Tapia, J. Xifra, F. Muñoz) al I Symposium Nacional sobre Función visual y rendimiento profesional (92).
CRISIS DE LA ERGOFTALMOLOGÍA
En 1963, año fundacional de la ergoftalmología, el profesor Casanovas (93) se lamenta del abandono que sufre la oftalmología laboral entre nosotros y menciona la misma queja formulada por sus colegas extranjeros Derrick Vail y Duke-Elder. Como ya hemos relatado, pocos años después, la oftalmología laboral adquiere en nuestro país un auge inusitado: se celebran los cursos de oftalmología laboral, se crea nuestra revista, se funda la Sociedad Ergoftalmológica Española, se celebra en Madrid el Congreso internacional... Son años dorados de pujante actividad, que se hace patente en los congresos bianuales y en la calidad de los Anales.
A partir de los años 80, vuelven a oírse lamentos y quejas por el decaimiento de la actividad, y no sin razón. El pulso de nuestra sociedad, y también el de la ergoftalmología, se debilitan.
A mi juicio, la causa de este descenso reside en la revolución tecnológica que experimenta la oftalmología a finales de los años 70 y que va desplazando el interés de los oftalmólogos hacia la nueva cirugía y las recientes técnicas de exploración. Este cambio coincide con un relevo generacional. Las generaciones de 1901 y 1916 ceden paso a las de 1931 y 1946, que se encuentran con la revolución oftalmológica y se suman a ella decididamente. La primera todavía hace ergoftalmología; la segunda, ya muy poco. Esta última y la siguiente se vuelven hacia una traumatología ocular renovada.
El interés por el mundo del trabajo, que era enorme durante la posguerra española, decae drásticamente en los últimos quince años y se desplaza hacia la oftalmología clínica y, sobre todo, quirúrgica. El contacto de los oftalmólogos con dicho mundo se debilita y la figura del oftalmólogo laboral no llega a cuajar.
La crisis es, sin embargo, parcial. Miramos hacia la traumatología ocular, cuya relación con lo laboral sigue siendo importantísima y vemos con agrado cómo se constituye en subespecialidad oftalmológica. Aparecen también nuevos problemas oftalmológicos relacionados con los ordenadores, el deporte profesional, la fatiga visual, etc. que reclaman la atención de los oftalmólogos.
Quizás sea bueno este momento para hacer balance de lo hecho y preparar el futuro. Es lo que he procurado hacer aquí.
TENDENCIAS ACTUALES
Como acabamos de ver, la obra de las dos últimas generaciones es esencialmente traumatológica. Prueba de ello es la constitución del Grupo para el Estudio Multicéntrico de los Traumatismos Oculares, autor de varios estudios epidemiológicos preparatorios y de una monografía de fundamental importancia, publicada en 1994 (94). Francisco León Hernández, couator principal de la misma, promueve también en la actualidad la creación de la Sociedad Española de Traumatología Ocular.
Quiero terminar dirigiendo un recuerdo hacia los maestros y amigos que contribuyeron al desarrollo y perfeccionamiento de la ergoftalmología, y lo haré citando al inolvidable Galo Leoz Ortín (Fig. 8) con palabras que cumplen 75 años: El hombre vive de recuerdos, ¿quién lo duda? Pero no vive para ellos. Guardémolos, pues, dentro de nosotros, en el sancta sanctórum de nuestro Yo, para que den calor a nuestra vida los que ya fueron y trabajemos por los que somos y los que han de ser».
BIBLIOGRAFÍA