Acta Estrabológica 2001


Editorial

La Estrabología en el Nuevo Siglo

El avance de los tiempos trae cambios a todas las esferas del conocimiento. Y más se puede decir de un cambio de siglo tan esperado y al que le han asignado tantas expectativas. La Revista de la Sociedad Española de Estrabología también inicia una nueva etapa con el cambio de siglo. Y me considero afortunado de poder ser el primero en inaugurar este espacio dentro del nuevo formato de la revista. Doy las gracias al Dr. D. Diego Puertas Bordallo, director de esta publicación, por invitarme a escibir el editorial.

Del mismo modo que los cambios afectan a todos los ámbitos científicos y sociales, también comienza un nuevo siglo para la estrabología, una especialidad que no se queda —ni ha de quedarse— al margen de los acontecimientos que van regulando el desarrollo de nuestra comunidad.

Durante los últimos 50 años, he sido testigo de la evolución que ha sufrido la estrabología y todo lo que a ella afecta. Si bien es verdad que el camino recorrido es muy largo y que muchos de esos adelantos han perdurado, otros muchos no alcanzaron el nivel que se esperaba de ellos. Sin embargo, tanto unos como otros han potenciado un avance considerable de esta especialización.

En este nuevo siglo, el desarrollo de la estrabología va a estar condicionado por lo que acontezca en otros campos. La influencia de los aspectos políticos y socioeconómicos y, especialmente, los avances propiamente científicos —físicos, químicos, biológicos, ingenieros, etc.— van a marcar el camino que ha de seguir nuestra especialización. Además, los nuevos descubrimientos contribuirán a mejorar los conocimientos fisiopatológicos, fundamentalmente para hacer profilaxis y tratamiento de los pacientes que puedan tener o tengan tropías o cuadros que podríamos considerar dentro de este grupo (defectos de fusión, forias, insuficiencia de convergencia, etc.).

Uno de los agentes externos que van a tener mayor transcendencia en la Ciencia es el despegue de los nuevos medios de comunicación y de las tecnologías de la información. Estos canales facilitarán en gran medida las relaciones interpersonales e interprofesionales. La gran rapidez con la que podemos actualmente acceder a la información y a los nuevos conocimientos puede ser una herramienta muy útil y una plusvalía para elevar nuestras culturas especializadas.

Por tanto, nos encontramos ante un siglo en donde será mayor la facilidad que tendremos de comunicarnos, no sólo con los especialistas de nuestra rama —oftalmólogos, ópticos, optometristas o enfermeras especializadas— sino también con los de otras esferas de la medicina y de la Ciencia en general que puedan contribuir a conseguir mejoras en los diagnósticos y en los tratamientos.

Hoy podemos encontrar cualquier tipo de información a través de Internet. Es un medio abierto a todo el mundo, un medio en el que cualquiera puede expresarse. Claramente, esta cualidad que tiene la red puede convertirse en uno de sus grandes fallos. Ante esto, debemos mantenernos muy atentos a aquello que se publique y desarrollar aun más nuestra labor crítica, científica y deontológica para poder sacar provecho de lo que ya se denomina la «gran autopista de la información».

Este canal y su desarrollo fomentará también la creación de comunicaciones colectivas, cursos interactivos, conferencias, congresos online, con el consabido beneficio que esto tiene para cualquier especialización. No obstante, tengo la impresión que la necesidad de contacto y afectividad presente en el ser humano forzará el mantenimiento de actos presenciales que potencien las relaciones interpersonales.

Dentro del campo científico, se ha producido una revolución que ha transformado la forma de enfrentarse al futuro de la medicina y de la Estrabología. La genética general y la secuenciación del genoma humano tendrán su importancia relativa sobre estas materias e incidirá directamente sobre la genética estrabológica.

Esta relatividad viene dada ya que el estrabismo es un proceso heterogéneo desde el punto de vista clínico. Esta variabilidad fenotípica refleja, probablemente, una variabilidad a nivel genómico. Por otra parte, aunque la naturaleza familiar del estrabismo se ha conocido en la literatura médica desde Hipócrates, no se ha podido establecer nunca un patrón de herencia mendeliana simple. Por lo tanto, tengo mis reservas sobre el exceso de optimismo que han puesto algunos sobre que la medicina se vaya a basar exclusivamente en genética.

Los estudios encaminados a determinar la base genética del estrabismo deben tener en cuenta que no debemos buscar un único gen del estrabismo, sino que se encontrará más de un gen implicado en el desarrollo de la alteración, de manera similar a lo que está ocurriendo con el glaucoma (Safarazi M, Hum, Mol Genet, 6-1667-1667-1997).

La caracterización de genes implicados en el estrabismo debe realizarse empleando las estrategias de la genética inversa, esto es, a partir de un determinado fenotipo se caracteriza directamente la alteración genética responsable. Para ello se debe comenzar por el rastreo genético en familias con estrabismo mediante estudios de ligamento genético. Una vez que las regiones cromosómicas ligadas a la aparición del estrabismo estén caracterizadas, se deberán analizar los genes localizados en esa región concreta, tarea, además, simplificada gracias a la secuenciación del genoma humano.

Pero no será tan fácil. El hecho de que intervenga más de un gen y de tener que intervenir sobre varios complicarán esta labor, que podrá aun retrasarse hasta dentro de unos cuantos años.

A pesar de todo, estoy convencido de que, en algunos casos, se podrá utilizar la terapéutica genética, pero, en otros, será más adecuada la terapéutica clásica, ya que existen enfermedades genéticas que se curan sin terapéuticas genéticas (algo parecido se puede pensar en el caso de los nistagmus).

Refiriéndonos a problemas concretos actuales, pienso que en el nuevo siglo continuaremos con el estudio de la etiología y las repercusiones del estrabismo, conoceremos más ampliamente la biomecánica y respuestas electrofisiológicas de las estructuras musculares, vainas y tejidos adyacentes que nos puedan ayudar al diagnóstico y a proceder a tratamientos más precisos.

El diagnóstico de la ambliopía y del estrabismo será más sencillo en edades precoces. Tendremos mejores sistemas para la medida de la agudeza visual en edad preverbal, en la actualidad ya se está trabajando en estudios multicéntricos en la edad de tratamiento, cuándo empezar, qué tipo de tratamiento es mejor (oclusión total, parcial, penalizaciones, atropina), las pautas de tratamiento y mantenimiento de la recuperación.

Tendremos probablemente sistemas computarizados y bastante precisos, para la medida de la desviación al cover test. Diagnosticaremos microestrabismos en niños de manera automática, conoceremos mejor la patogenia de la DVD.

Tendremos más conocimientos neurofisiológicos y electromecánicos que nos lleven a mejor diagnósticos y tratamientos como la deseada estimulación bifoveolar.

En el campo de los tratamientos avanzaremos en los materiales e indicaciones de las lentes de contacto en niños así como en la cirugía refractiva. Avanzaremos mucho en el tratamiento de las parálisis oculomotoras, en el de los tortícolis más complejos así como en la reducción de los movimientos nistágmicos, entre muchas otras cosas. Las nuevas técnicas quirúrgicas se utilizarán con más precisión, tendremos productos para evitar las cicatrices anormales, aparecerán nuevas suturas y pegamentos. Las suturas ajustables e implantes se podrán modificar durante más tiempo tras la cirugía, probablemente mediante fuerzas externas en algunos casos. Puede ser que aparezcan músculos artificiales así como otros métodos no quirúrgicos o toxinas para actuar selectivamente sobre determinadas fibras musculares.

Finalmente, y para no alargarme en este editorial, me parece importante resaltar una impresión personal y un deseo de todos los que trabajamos con el estrabismo. Siempre soñamos que la ambliopía considerada como alteración de la agudeza visual funcional desaparecerá del mundo. En mi opinión, creo que los trabajos que se están realizando sobre la agudeza visual en los niños de menor edad están dando sus frutos y que conseguiremos obtener una mayor precisión. También, la utilización de estadísticas más concretas y la coordinación multidisciplinar traerán consigo algunas aclaraciones, como pueden ser la edad sobre la que se puede empezar a trabajar, qué métodos son los mejores, qué tiempo se precisa en el tratamiento y qué pautas seguir y, finalmente, cómo conservar la recuperación para compaginar el resto con las mayores comodidades para el paciente y para su familia.

Del hombre depende que todos estos proyectos y sueños se hagan realidad, pero permítanme introducir una pizca de escepticismo: en este nuevo siglo se solucionarán muchos problemas, pero surgirán algunos nuevos, pero el estrabismo no desaparecerá.

Dr. F. Gómez de Liaño