Acta Estrabológica 1998


NECROLÓGICA

 

Ha muerto el Dr.Vilaplana en el mes de noviembre de 1998.

Escribo estas letras cuando recién fallecido me lo comunica su hijo Álvaro; me es muy difícil escribir sobre él porque temo que mis silencios sean importantes por las muchas facetas que conozco de su vida.

Gran esposo, padre y abuelo, creo que todos los que hemos tratado sabemos los pocos defectos que debía tener.

Me pareció un gran señor y un gran amigo; siempre le recordaremos el apoyo que nos mostró en todo momento. No recuerdo que tuviéramos opiniones encontradas en casi nada.

Quien quisiera escucharle aprendió mucho de él, su seriedad científica siempre nos decía lo que a él le parecía que había observado, estuviera o no de acuerdo con las ideas que en ese momento se llevaran.

Últimamente estaba algo cansado, los años y los problemas de un nieto le hacían que no acudiese a los últimos congresos como siempre, pero su salud no hacía presagiar lo que ha ocurrido.

Podría contar muchas anécdotas personales en la que nos transmitía siempre mucha paz, pero en estos momentos quiero comunicar cómo se comportó en la SEE.

Cuando se funda la Sociedad Española de Estrabología hubo problemas. Es posible, que como han pasado muchos años, la mayoría de los que estuvimos colaborando no se acuerden, pero mucho podría hablar del Dr. Vilaplana y amigos de aquel grupo de médicos militares, a los que tanto recuerdo y de los que he estado y estaré muy agradecido; nunca nos faltó el apoyo material y espiritual de Álvaro. Nunca faltó a una cita y contribuía con su experiencia y prudencia a dar su opinión sobre aspectos organizativos y científicos. Recuerdo aún después de muchos años la comunicación que presentó sobre el síndrome del polo anterior en los pacientes operados de estrabismo y que siempre he tenido presente y las intervenciones en los que contestaba las opiniones de nuestros compañeros con sencillez y humildad, que nos debía haber hecho pensar más aún en lo que nos decía.

Con la misma ilusión y sencillez continuó siempre hasta el final.

Sabemos que otros han cogido la antorcha; que nuestros trabajos han sido superados y que la Sociedad está en manos de personas que han continuado por lo menos con la misma ilusión de los que empezamos entre los que estaba Álvaro dándonos ejemplo.

La misma ilusión supo inculcar a sus dos hijos en que la personalidad y la ética oftalmológica, son sus principios. No puedo dejar de recordar a Lola, su mujer, que le acompañaba a todos los actos y que servía de apoyo para sus ilusiones, sin la cual es posible que no pudiera haber alcanzado la plenitud que logró.

A toda su familia, creo que además, de acuerdo con todos los miembros de la Sociedad Española de Oftalmología, nuestro pésame.

Dr. F. Gómez de Liaño