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Número 2 - Junio 1997 EDITORIAL

PANORAMA ACTUAL DE LA OFTALMOLOGÍA

Dr. José González Tomás

Los avances tecnológicos en la industria médica han influido notablemente en nuestra Especialidad. Ante la pregunta: Doctor, ¿me operará con Láser?, ya no sabemos qué inventar, pretendiendo educar al cliente con explicaciones que no entiende. Al final, cedemos y respondemos: "Sí, lo operaré con Láser?, para no perder un tiempo, que cada día es más valioso, por el número de pacientes al que pretendemos "educar". Estos avances tecnológicos han mejorado el resultado de nuestras actuaciones médicas y quirúrgicas, pero han empeorado nuestra relación humana. Los elevados costes que supone este avance (angiógrafos con digitalización de imagen, perímetros automatizados, biómetros, facoemulsificadores, equipos distintos de Láser, y un largo etc) han obligado al oftalmólogo a agruparse en Centros, donde se distribuyen los gastos al tiempo que se pierde la personalidad. El paciente va a que lo operen en tal Centro o tal Hospital. No conoce, ni le importa el nombre del cirujano y, a su vez, el cirujano no conoce, ni le importa, el nombre de su paciente.

En la relación médico-paciente se ha intercalado, y con gran fuerza, el tercer elemento: "el pagador", sea la Sanidad Pública, la Mutua, y en algún raro caso, el propio paciente. Para que el Centro Médico pueda sobrevivir, o para que el Hospital Público mantenga su prestigio, lo que más cuenta es el número de procesos realizados. La calidad es mucho más difícil de rentabilizar.

Nuestro trabajo se mide más por los CMBD (conjunto mínimo base de datos), los GRD (grupos relacionados de diagnóstico), las ratios, las estancias medias, los índices de rotación, etc., etc., que por la agudeza visual, el control de la tensión ocular o el porcentaje de retinas reaplicadas. El marketing y la publicidad son más importantes que el prestigio profesional. Nos enteramos de lo buena que es la cirugía refractiva más por los periódicos y las revistas del corazón, que por la seriedad de un trabajo científico que requiere de varios años de controles y seguimiento.

Se dejan de hacer las operaciones bilaterales, las cirugías combinadas, los triples procedimientos, porque no son rentables para el Centro o para el Hospital, aunque beneficien claramente al paciente. El "tercer elemento", el pagador, sólo cuenta pacientes y listas de espera. El Hospital es una empresa, el acto médico, una mercancía. Los incentivos son los ingresos por ventas realizadas con el mínimo coste. El cirujano ya no pregunta por si una técnica es más segura para el paciente, sino si es más rápida para poder hacer más número en menos tiempo y poder así pagar los créditos y las hipotecas con los que se ha montado el Centro de trabajo.

Ojalá, que podamos aprovechar todos los avances que nos brinda la moderna tecnología para mejorar la salud y la visión de nuestros pacientes sin perder la ética profesional y la relación humana con ellos, aunque eso nos exija un aumento de los costes y una disminución de las ventas.


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