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Número 3 - Septiembre 1997 EDITORIAL

La amabilidad y amistad de nuestro Director me permite dirigirme a mis colegas y socios de la SECOIR mediante este Editorial. Deliberadamente incido en un tema muy espinoso, el de la publicidad de los médicos en los denominados "medios de comunicación". Es un asunto sobre el que todos debiéramos opinar y llegar a conclusiones definitivas. Para ello disponemos de un foro importante: la Sesión Administrativa de nuestra Sociedad, pues allí coincidimos una vez al año y podemos intentar ponernos de acuerdo.

En su Editorial del número 4, vol. IV de Diciembre de 1996, y bajo el título de "Blanco o Negro", mi hasta ahora admirado amigo Andrés Coret planteaba la cuestión de la publicidad y pedía textualmente que "o bien exista una libertad total o bien se castigue a quien se anuncia". No había pasado ni medio año de su escrito y se anunciaba tan tranquilamante en los "medios". No esperó a la solución de su disyuntiva, sino que en realidad nos avisaba que tomaba partido. Por el negro diría yo. Es cierto que son bastantes los que se anuncian, entre ellos algunos catedráticos y celebridades, por cierto con más descaro que él, puesto que, al fin y al cabo, es nuevo en estos menesteres. Por ello, cuanto yo diga va dirigido a todos y no precisamente a su persona.

Me ha gustado competir hasta ahora con otros colegas noblemente, en nuestros cursos y congresos, ellos con sus máquinas y yo con mis manos. Pero alguno está cayendo ahora en un claro ejercicio de competencia desleal y esto ya no es noble. No está en mi ánimo redactar aquí una "lista de Schindler", ni masacrar públicamente a nadie. Esto no es ninguna caza de brujas. Sólo pido que en nuestro Congreso se tome una decisión al respecto.

Al margen de la ética y de la conciencia de cada uno, la "mayoría silenciosa" debe darse cuenta de que la actuación de los anunciantes perjudica profesionalmente a muchos y beneficia a unos pocos. El modo cómo se anuncian algunos es un claro insulto a todos los demás. Se me dirá enseguida que este es un tema colegial, que no compete a las Sociedades científicas. Pues yo opino que sí compete, independientemente de los que hagan los Colegios de Médicos que, por otra parte, no suelen hacer nada. Simplemente, una Sociedad puede apartar de su seno a quienes perjudiquen a sus socios. Así de sencillo. Ahí tiene el Dr. Coret el "castigo serio y ejemplar" que pide en su Editorial.

Parece que la Sociedad Española de Oftalmología ha tomado ya conciencia del problema. Por lo menos, ha creado una Comisión de Ética con el fin de que asesore a la Junta Directiva sobre estas cuestiones. Pero la Asamblea de Socios es siempre la que tiene la última palabra.

El argumento de que la Oftalmología es hoy muy cara no es excusa para anunciarse. En primer lugar, nadie está obligado a invertir y tenerlo todo. En segundo lugar, todos invertimos pero son pocos los que recurren a la publicidad. Una cosa es ser oftalmólogo y otra bien triste y distinta es convertirse en "oftalmopesetólogo". Que cada uno se identifique pero, como pedía el Dr. Coret que se tome una decisión. Entre el blanco y el negro, yo propongo optar por el blanco, pues el médico es médico y ello conlleva la aceptación de unos principios que están muy por encima de lo que digan las leyes comerciales de cualquier tiempo.

Dr. Manuel Quintana Casany


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