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| Número 4 - Diciembre 1998 | EDITORIAL |
Uno de los descubrimientos que hacemos a lo largo de la vida es que nada es inamovible, sino que por el contrario todas las situaciones son cambiantes, muchas veces incluidas las verdades que se tienen como pilares desde siempre. Esto mismo se puede aplicar a nuestra profesión, y no me estoy refiriendo a los aspectos propiamente oftalmológicos cambiantes afortunadamente al mismo ritmo que la ciencia los modifica. Me refiero a lo que ha sido el ejercicio tradicional de nuestra Especialidad.
Hasta hace pocos años uno podía ejercer la profesión bien en los Hospitales de la sanidad pública (Seguridad Social), exclusivamente, bien en un cupo de ambulatorio o lo que era más frecuente, combinándolo ese ejercicio público con la actividad privada por las tardes. Más raro era ejercer sólo privadamente y muy pocos conseguían vivir dignamente de esa manera.
Aunque alguno más pudiese hacerlo, siempre se quería tener la "seguridad" que daba la Seguridad Social y por qué no decirlo, en alguna medida el trabajo en lo público era el escaparate para el ejercicio privado. En cada ciudad, uno o dos como máximo podían hacer este tipo de medicina. Además, no sólo se trabajaba con los enfermos exclusivamente privados, sino que todos tenían alguna mutua o seguro particular, por lo que lo privado puro y duro era todavía más escaso. Las consultas privadas, salvo honrosas excepciones, eran muy personalistas, con poco personal y aparataje justo, trabajando solamente el Oftalmólogo, bien generalista o bien con una Especialidad muy concreta, por lo que el paciente en muchas ocasiones no encontraba allí la solución adecuada a su problema.
Sin embargo, todas estas situaciones fueron cambiando. Los Hospitales públicos comenzaron a perder atractivo, tanto científico y tecnológico como económico. El "paro público" empezó a producirse en nuestro sector.
Por otro lado empezó a producirse un mayor aflujo de pacientes a las consultas como consecuencia por una parte del envejecimiento de la población y por tanto con muchas patologías ligadas al mismo (cataratas, degeneraciones maculares, etc.); y por otra, unos mejores resultados en el tratamiento de estas patologías. Al mismo tiempo el advenimiento de la cirugía refractiva fue otro de los factores que modificaron también en nuestro país toda la concepción clásica del ejercicio profesional.
Así, grupos de profesionales se reúnen para llegar a tener determinada tecnología común, aunque mantengan independientemente sus consultas y después contratan a una persona para utilizar "la máquina", siendo ellos exclusivamente intermediarios y su única función es acompañar al paciente al sitio donde va a ser intervenido para darle apoyo moral.
El acceso de todo el mundo a la tecnología se intenta vender como una forma de uniformizar resultados, como si se igualasen las actuaciones de todos los médicos, y esto sabemos que no es cierto pues la indicación clara, el diagnóstico exacto, la determinación de las posibilidades y alternativas terapéuticas y el seguimiento postoperatorio siguen teniendo una importancia capital en los resultados que se obtienen.
Por otro lado, en los últimos 5 años comenzaron también a aparecer estructuras mucho más grandes, privadas, con gestores profesionales, dando un concepto empresarial que no había existido hasta entonces, con mucho personal auxiliar, edificios, aparataje y profesionales que abarcan todas las especialidades de la oftalmología. Así se impuso la necesidad del trabajo en equipo con gran especialización de cada uno de los componentes, tanto para poder resolver cualquier tipo de problema ocular que tuviese el paciente como para tener la posibilidad de optar a cualquier forma de tecnología por costosa que ésta fuese. Esto que actualmente existe en media docena de Centros, sin embargo, hace que el marketing tenga que empezar a funcionar para poder llenar y rentabilizar estas clínicas.
Recuerdo hace ya 15 años, en Estados Unidos, se anunciaban los Oftalmólogos no haciendo hincapié en sus magníficos resultados, sino ofreciendo además de la cirugía de la catarata, la posibilidad de disfrutar de un maravilloso desayuno tipo buffet, y era precisamente aquí donde radicaban las diferencias.
Pero además, se está empezando a producir el fenómeno de las clínicas satélites, a fin de copar los sitios y dificultar la competencia, captando mayor "cuota de mercado".
Verdaderamente, ¿esto es necesario? ¿El propio prestigio de las Instituciones no es suficiente para que el paciente venga sin necesidad de tener que ponerle la consulta al lado de casa? ¿Por qué motivo viene el paciente?, porque le damos de desayunar mejor, porque está al lado de casa, o porque hacemos bien las cosas y la excelencia va pasando de boca a boca.
Estos interrogantes debemos planteárnoslos para saber dónde está el futuro de nuestra profesión y cuáles son los caminos que debemos escoger nosotros y qué consejos debemos dar a los que vengan.
Prof. Luis Fdez.-Vega Sanz