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| Número 3 - Septiembre 2001 | ARTÍCULO ORIGINAL |
Pérez-Salvador García E, Pérez Salvador JL
Objetivos: El principal objetivo de este trabajo será la comparación de dos pruebas, la una basada en la Interferometría, mediante el Visómetro de Lotmar y la otra en la Electrofisiología, mediante Electrorretinografia (ERG) y Potenciales Evocados Visuales (PEV) en la predicción de la agudeza visual postoperatoria en pacientes con cataratas evolutivas.
Material y Métodos: Se ha realizado un estudio prospectivo en 37 ojos de 37 pacientes con cataratas en diferentes estadios evolutivos y agudezas visuales preoperatorias con la mejor corrección comprendidas entre 0,4 y 0,1. En todos ellos se realizaron las pruebas de predicción de visión postoperatoria mediante la medida de la Agudeza visual Potencial con el Visómetro de Lotmar y la Electrofisiológica . La agudeza visual de cada paciente pre y postoperatoriamente fueron obtenidas utilizando los optotipos de Snellen. La diferencia entre la visión que se predijo con ambas pruebas y la alcanzada a los tres meses de la intervención fueron estudiados estadísticamente.
Resultados: La predicción con el Visómetro fue correcta en un 78,4% de los casos e incorrecta en el 21,6% de ellos, mientras que en pronóstico visual electrofisiológico se cumplió en todos los casos.
Conclusión: Las exploraciones electrofisiológicas son más exactas que las basadas en la Interferometría en la predicción de la visión tras la cirugía de la catarata, aunque el mayor coste y complejidad de las primeras suponga una potencial restricción a su aplicación en la clínica práctica.
Palabras clave: Electrofisiología ocular, interferometría, predicción función visual, cirugía de catarata.
Aims: The main aim of this study is to compare two test, one based on Interferometry, using the Lotmar Visometer, and the other on Electrophysiology, using electroretinography (ERG) and visual evoked potentials (VEP) for the prediction of post-operative visual acuity in patients with developing cataracts.
Materials and Methods: A prospective study was carried out on 37 eyes from 37 patients with cataracts in various stages of development and visual acuity before surgery, with the greates accuracy falling between 0.4 and 0.1. The tests for predicting postoperative vision were carried ou in all cases with the readings recorded for potential visual acuity using the Lotmar Visometer and Electrophysiology. The visual acuity of each patient both before and after surgery was obtained using Snellen’s optotypes. The differences between the quality of sight predicted whit both test and that achieved 3 months after surgery were submitted to statistical analysis.
Results: The prediction obtained using the Visometer was correct in 78.4% of the cases and incorrec in 21.6%, whereas the electrophysiological visual prognosis proved to be accurate in all cases.
Conclusion: Electrophysiological explorations are more accurate than those based Interferometry in the prediction of sight following surgery for cataracts. However, the greater cost and complexity of the former suggests a potential limitation on their application in clinical practice.
Key words: Ocular electrophysiology, interferometry, visual function prediction, cataract surgery.
INTRODUCCIÓN
Puesto que en un paciente con catarata es posible la existencia de otra patología ocular asociada, resulta evidente que constituiría una enorme ventaja tanto para el médico como para el enfermo el poder predecir el pronóstico visual del ojo a operar previamente a la intervención.
Hoy día existe la posibilidad de realizar dicha predicción mediante pruebas preoperatorias objetivas y subjetivas. Entre las primeras son fundamentales las exploraciones electrofisiológicas (EEF) y entre las segundas ocupan un papel importante las basadas en la interferometría.
Dichas técnicas de predicción las hemos realizado con ambos métodos, habiendo sido los resultados de cada una de ellas objeto de anteriores publicaciones (1, 2). La finalidad del presente trabajo es la comparación de los resultados de ambas pruebas, indicando las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas y en el caso de supremacía de la una sobre la otra si pudiese o no estar justificada su realización como método habitual previo a la cirugía.
MATERIAL Y MÉTODOS
El estudio se ha llevado a cabo previamente en un grupo de sujetos normales en los que se ha realizado tanto la EEF (25 sujetos/50 ojos) como la Prueba de Agudeza Visual Potencial, PAM (12 sujetos/24 ojos), al objeto de en los primeros poder comparar los valores medios de las diferentes ondas de los registros normales con los de aquellos con cataratas y en los segundos con AV (agudeza visual) con optotipos de unidad comprobar que en todos ellos se alcanzó la misma AV normal con las franjas de interferometría.
En cuanto a los pacientes con cataratas evolutivas, todos ellos con AV comprendidas entre 0,1 y 0,4, se estudiaron un total de 37. Fueron sometidos a una exploración oftalmológica completa previa a la intervención de catarata con implante de lente intraocular de cámara posterior, habiendo seguido para clasificar el grado de opacidad del cristalino el sistema Locs II (3) basado en las imágenes a la lámpara de hendidura por considerarlo más exacto. Esta exploración se completó en todos los casos con la electrofisiológica y la visométrica.
La EEF se ha realizado con el equipo Pantops M2, siguiendo básicamente las últimas indicaciones de la ISCEV (International Society for Clinical Electrophysiology of Vision) (4) y utilizando los parámetros expuestos en la tabla I. El registro de los PEV lo hemos efectuado sobre las dos áreas occipitales a partir de una estimulación monocular, obteniendo una respuesta homolateral (hl) y otra contralateral (cl). Utilizamos como electrodos activos los de aguja, colocándolos en la región occipital, como indiferentes un «clip» de plata en los lóbulos de las orejas y como masa una placa, también de plata y en la frente. El PEV que registramos lo hacemos por estímulos de flash blancos y a continuación interponemos filtros interferenciales rojo y azul. La calibración de las señales registradas se calcula en función de los parámetros utilizados en el registro. De acuerdo con los nuestros, la señal visualizada tiene una amplitud de 5 µv y una latencia de 80 ms, ambas por cada cuadrado del papel de registro. Para el ERG es necesario un electrodo por vía habiendo utilizado como activo el de tipo de lente de contacto desechable que lleva el electrodo de plata incorporado siendo los indiferentes y el de masa los mismos que los utilizados en el registro de los PEV. Realizamos el ERG con pupila en dilatación máxima y a estímulos blancos y naranja Wratten, teniendo la señal visualizada según los parámetros utilizados una amplitud e 50 µv y una latencia de 40 ms por cuadrado del papel registrador.

En la interpretación de los trazados, tanto en el ERG como en los PEV hemos tenido en cuenta como parámetros para evaluar los registros la morfología global de las curvas obtenidas y el valor de los tiempos de culminación y amplitudes de las diferentes ondas de cada uno de los trazados comparados con los valores medios de las mismas ondas de los sujetos normales explorados y tomados como patrón.
Desde el punto de vista práctico y en lo que respecta a la valoración clínica de una onda, hemos seguido el criterio de aplicar en cada uno de los casos el valor medio de dicha onda más/menos dos desviaciones típicas según lo aconsejado por otros autores (5).
Según los parámetros de las ondas de los trazados de los pacientes analizados uno a uno, los hemos clasificado como normales, subnormales y abolidos. Posteriormente, de acuerdo con los datos de la EEF, valoramos la indicación quirúrgica, estableciendo un pronóstico previo en cuanto a la función visual postoperatoria de bueno, aceptable o malo, considerando como una buena AV postoperatoria la igual o superior a 0,6, aceptable entre 0,2 y 0,5 y mala igual o inferior a 0,1.
Transcurridos tres meses de la intervención quirúrgica se determina la AV final de cada uno de los pacientes con la corrección óptica adecuada en cada caso, relacionando dicha visión con el pronóstico visual previamente establecido.
También realizamos en todos los pacientes preoperatoriamente una prueba subjetiva de predicción de AV postoperatoria, habiendo elegido por su facilidad de uso el Visómetro de Lotmar basado en la Interferometría (6). Consta de una fuente de luz, igual a la que empleamos en la lámpara de hendidura a la que va adaptado y una serie de lentes condensadoras con una hendidura de 4 centésimas de milímetro gracias a lo cual se va a producir el fenómeno de la luz coherente. Posee dos diafragmas de 0,15 y 0,50 mm, filtros gris y verde y un prisma que al ser rotado modifica la dirección de las franjas de interferencia proyectadas en la retina, pudiéndose regular asimismo su anchura y separación. El sujeto explorado nos va indicando la dirección de las franjas que perciba a medida que las vamos juntando mediante un mando graduado hasta distinguir la dirección de las franjas más finas y más juntas. En ese momento la escala del tambor graduado nos estará indicando la AV visométrica máxima alcanzada, teniendo en cuenta que cuando vea 10/10 estará observando 60 franjas por grado.
La prueba la realizamos bajo dilatación pupilar máxima, intentando hacerlo a través de las zonas menos densas de la opacidad del cristalino, puesto que a mayor reflejo de fondo la AV será más fácil de determinar ya que en los pacientes en los que no es visible dicho reflejo y por tanto imposible determinar la AV no se puede establecer un pronóstico visual postoperatorio, o lo que es lo mismo en general podemos decir que con AV inferiores a 0,1 es imposible realizar esta prueba subjetiva.
Previamente a su realización es importante enseñarle al paciente una tabla en la que verá las líneas negras (fig. 1) que variarán de grosor y dirección, explicándole lo que va a ver y lo que de él solicitamos.
Fig. 1. Modelo de tabla utilizada con el método del visómetro de Lotmar.
Obtenemos mediante esta exploración una predicción subjetiva de la AV postoperatoria, la cual medimos a las tres meses de la intervención, considerándola como correcta cuando sólo se diferencia en 2 décimas o menos de la obtenida postoperatoriamente con la escala de optotipos de Snellen, predicción media si se diferencian en 3 décimas y predicción incorrecta en el caso de que la AV prevista por el Visómetro y la real tengan una diferencia de 4 décimas o más (1,7).
Una vez obtenidos estos datos hemos realizado un estudio estadístico de predicción del Visómetro en el que hemos analizado sobre todo la concordancia de la AV medida previamente con él y la obtenida con los optotipos a los tres meses de la intervención, así como un modelo de regresión lineal para la predicción de la AV postquirúrgica, analizando los resultados fundamentalmente con las pruebas de Chi-cuadrado, índice Kappa y el índice de correlación de Pearson, métodos ya expuestos con mayor detalle en anteriores publicaciones (1,8).
De este modo habremos obtenido en dicho grupo de pacientes con cataratas evolutivas un pronóstico visual postoperatorio objetivo mediante la EEF y un pronóstico subjetivo mediante la prueba de medición de la agudeza visual potencial con el Visómetro de Lotmar, pudiendo comprobar si los resultados de ambas pruebas concuerdan y cual de ellas es más aconsejable en cuanto a la exactitud de la predicción.
CASUÍSTICA
Para comprobar la fiabilidad de los valores de las medidas efectuadas, las pruebas se realizaron en un grupo de sujetos normales, 25 (50 ojos), de edades comprendidas entre los 20 y 70 años para la EEF y 12 (24 ojos) de edades entre 16 y 78 años para la visometría.
En cuanto a los pacientes con cataratas objeto de este estudio, de los 50 consecutivos que se exploraron, la EEF se pudo realizar en todos ellos (100%), mientras que la visométrica sólo fue posible realizarla en 38 (76%) que tenían una AV suficiente para poder percibir el test, 0,1 como mínimo.
Uno fue descartado del estudio por haber sufrido una complicación peroperatoria. Así pues de los 37 pacientes explorados con ambas pruebas 10 eran hombres (27%) y 27 mujeres (73%), siendo su edad media de 71 años, con un rango entre 28 y 87, habiéndose estudiado 21 casos del ojo derecho y 16 del izquierdo.
En las tablas II y III hemos representado sucintamente las exploraciones pre y postoperatorias realizadas a cada uno de los 37 pacientes con cataratas evolutivas, en donde indicamos la edad, sexo, ojo a intervenir, tipo de catarata que presenta (sistema Locs II) y AV preoperatoria. A continuación reflejamos la AV con el Visómetro, que sería la postoperatoria prevista con dicha prueba, así como los resultados de la EEF preoperatoria tanto del ERG como de los PEV. Basándonos en estos datos, tal como también expresamos en dichas tablas, emitimos un pronóstico visual postoperatorio de bueno, aceptable o malo, tanto de la exploración subjetiva (Visómetro) como de la objetiva (EEF).


En la segunda parte de las Tablas, referida a los datos tras la intervención quirúrgica, reseñamos la AV alcanzada tras la misma medida, a los tres meses, con la corrección óptica adecuada en cada caso y con los optotipos de Snellen.
Comparando esta AV con las predicciones realizadas anteriormente a la intervención, especificamos si dichas predicciones pueden considerarse como correctas, medias o incorrectas, de acuerdo con los parámetros sobre el grado de predictibilidad de ambas exploraciones, tanto la electrofisiológica como la visométrica, ya comentados anteriormente.
Para finalizar, en una última columna de la tabla, observaciones y fondo de ojo, hemos reseñado algunas característica generales u oculares de aquellos pacientes que pudiesen haber influido en el resultado funcional final, e incluso en la concordancia o no entre la prueba subjetiva (visómetro) y la objetiva (EEF) en cuanto a la predicción visual emitida.
RESULTADOS
La predicción funcional postoperatoria electrofisiológica objetiva la hemos efectuado comparando los valores de los registros de ERG y PEV de los pacientes con cataratas con los valores medios obtenidos en los sujetos normales, realizando estas exploraciones caso por caso y considerando tal como hemos comentado como valores normales de amplitudes y tiempos de culminación el valor obtenido más/menos dos desviaciones típicas, ejemplo de lo cual expresamos en la tabla IV, en la que exponemos como tal uno de los 37 casos, habiendo seguido la misma metodología en todos ellos emitiendo el diagnóstico electrofisiológico de bueno, aceptable o malo, según la normalidad o anormalidad de ambos registros (ERG y PEV), siempre analizándolos en forma conjunta y nunca separadamente (figs. 2, 3, 4 y 5).

Fig. 2. Caso 7. LRD: Atrofia óptica OI. PEV subnormales a la estimulación OI.
Tras la intervención de catarata se confirmó el pronóstico emitido (AV
postoperatoria: 0,3).
Fig. 3. Caso 32. MMC: Catarata OI. Degeneración pigmentaria de la retina. El
ERG abolido con PEV presentes indicó grave afectación retiniana confirmada
postoperatoriamente.
Fig. 4. Caso 26. ALC: Catarata traumática OD. ERG y PEV normales. Pronóstico
favorable que se confirmó. (AV postoperatoria: 0,9).
Fig. 5. Caso 8. Catarata OD: Desprendimiento de retina intervenido. Aunque con
ERG subnormal los PEV normales permitieron emitir un pronòstico favorable que
fue confirmado (AV postoperatoria: 0,6).
Según el estudio comparativo entre dichos registros el pronóstico visual emitido se correspondió en estos casos de cataratas evolutivas con AV igual o superior a 0,1 en todos los pacientes con el resultado alcanzado tras la intervención, es decir, la predicción electrofisiológica fue correcta.
En cuanto al grado de predicción de la AV postoperatoria con la prueba subjetiva del visómetro, hemos valorado los datos de las AV prequirúrgicas, optotipos y visométricas, y las finales postoperatorias con la corrección óptica adecuada en cada caso.
Así, en los 37 casos estudiados, la AV prequirúrgica con la escala de optotipos oscilaba entre 0,1 y 0,4 con una media de 0,2 (DE=0,0849), mientras que dicha AV prequirúrgica con el visómetro se encontraba entre 0,2 y 0,9 con una media de 0,6 (DE=0,2048). La AV final postoperatoria se encontraba entre 0,2 y 1,00 con una media de 0,77 (DE=0,2468).
Teniendo en cuenta que en nuestro método de estudio hemos considerado la predicción del Visómetro como correcta cuando la diferencia de sus resultados en la AV postoperatoria con la escala de Snellen es de 0,2 o inferior, media si lo es de 0,3 y deficiente o incorrecta si es de 0,4 o superior, analizando los resultados de la determinación de la AV postoperatoria y la tabla de frecuencia de la exactitud del Visómetro, comprobamos que la predicción del mismo fue correcta en 29 casos es decir un 78,4% de ellos (intervalo de confianza 95%: 31,78% a 90,17%), media en 7 casos (18,9%) e incorrecta en sólo 1 caso (2,7%), en el que la visión postoperatoria medida con los optotipos de Snellen fue sólo una décima superior a lo que había previsto el Visómetro (p<0,001) de acuerdo con las pautas establecidas en el método de estudio.
Analizando los errores del Visómetro nos llama la atención el alto número de falsos negativos (cuando la AV predicha por la exploración con el Visómetro previamente a la intervención fue menor de la realmente alcanzada postoperatoriamente por el paciente). En nuestro estudio existen 6 casos sin error, 16,2% (intervalo de confianza 95%: 6,19 a 32,01) mientras que son 31 los falsos negativos, un 83%.
No constatamos ningún caso de falso positivo (cuando la AV prevista por el visómetro es mejor que la realmente alcanzada por el paciente tras la intervención). La causa de dicha falsa positividad sería una complicación quirúrgica hecho que en nuestro grupo de pacientes no sucedió al haberse excluido previamente del estudio la que existió. Por lo tanto y resumiendo, la AV postoperatoria realmente alcanzada en la gran mayoría de los casos, casi el 84% de ellos, sería algo mejor que la indicada en el preoperatorio por la exploración con el Visómetro.
Completando el estudio y comparando la AV prevista en los 37 pacientes en los que se realizó el test del Visómetro con la alcanzada en el postoperatorio con la escala de optotipos, observamos que de los 37 pacientes, en 26 de ellos (70,27%) se esperaba una AV superior a 0,5, alcanzándose en 30 (81,08%). En 9 (24,32%) se predijo con el Visómetro una AV superior a 0.2 obteniéndose en 5 (31,51%) y en los dos casos en los que la AV prevista fue inferior a 0,2 (5,40%) la predicción se cumplió. Es decir, en cuatro ojos mejoró la visión realmente alcanzada con relación a la que se predijo, confirmándonos estos datos que las AV en el postoperatorio son siempre a favor del paciente.
DISCUSIÓN
Puesto que el objetivo fundamental de este trabajo es el poder comparar la exploración electrofisiológica con la interferometría (visómetro) en cuanto a su valor predictivo de la AV postoperatoria en las cataratas, hemos tenido a priori que prescindir de incluir en el mismo aquellas cataratas densas, con AV inferiores a 0,1, puesto que dicha visión es imprescindible para poder realizar la PAM con el visómetro de Lotmar, criterio unánime de los diversos autores consultados en la literatura (9-11).
Las cataratas evolutivas incluidas en nuestro estudio alcanzaban AV que oscilaban entre 0,1 y 0,4, lo que representó un 76% del total de los casos no seleccionados de cataratas, no pudiéndose realizar en un 24% de los mismos por no percibir el paciente preoperatoriamente el test del Visómetro debido a la densidad de su cristalino, porcentaje que concuerda con el de otros estudios que oscilan entre el 60-70% (10,12), siendo en otros las cifras algo superiores posiblemente por utilizar la técnica de interferometría láser (13). En estos últimos sin embargo sí se pudo realizar la EEF, lo que en principio ya representa una ventaja de esta exploración que al ser objetiva y no precisar la colaboración del paciente se puede realizar en cualquier tipo de catarata, pero para establecer nuestro estudio comparativo hemos tenido que prescindir de los datos electrofisiológicos de estas cataratas totales que han sido objeto de otra publicación (2).
Hecha esta salvedad, podemos afirmar que en los casos estudiados en nuestro trabajo la predicción funcional suministrada por el visómetro y la AV postoperatoria medida con la escala de optotipos se correspondió en el 78,4% de los casos, valores similares a los descritos por otros autores que en general oscilan entre el 75,86% (7,12) y el 92% de aciertos (14,15).
Llama la atención al revisar los resultados, el alto porcentaje de casos, casi el 84%, en los que la AV prevista por el visómetro fue menor que la realmente alcanzada por el paciente (falsos negativos), pudiéndose deber a que al practicar la prueba no se haya encontrado siempre la zona menos densa de la opacidad del cristalino por lo que de haberlo hecho la predicción hubiese sido más favorable (16).
También es importante conocer que en los registros de la EEF y dependiendo del tipo de estímulo utilizado en su realización, pudiera influir de alguna forma el grado de opacidad del cristalino (8), de ahí que tenga sumo interés el tipo de estímulo con el que se realiza dicha exploración, habiéndolo sido en nuestros casos la estimulación siempre por flash en lugar de con estímulos morfoscópicos o estructurados, puesto que con éstos últimos a mayor densidad del cristalino y percibirse por tanto peor el estímulo, también son más deficientes los resultados de las pruebas (17,18).
Mediante esta EEF con estímulos por flash hemos podido constatar la predicción no sólo de una posible AV postoperatoria, sino que nos aporta más datos sobre la función visual global que alcanzará un ojo con catarata tras la intervención. Así, en la EEF a estímulos blancos y rojos sobre todo, la predicción visual ha sido correcta en todos los casos, pero no sólo en lo referente a la AV, que también se ha cumplido en la mayoría de ellos en el visómetro, sino en las graves alteraciones retinianas demostradas por el ERG en los casos de graves miopías degenerativas (casos 2 y 4) con PEV normales o en los de atrofias ópticas parciales (casos 7 y 13) con AV por el visómetro de aceptables y EEF con trazados subnormales. El pronóstico emitido de malo se cumplió, aun cuando sus AV eran aceptables, los campos visuales se encontraban muy afectados (fig. 2). Pronóstico similar es el del caso 32 en el que coexistía una retinosis pigmentaria junto a la catarata. El ERG plano, a pesar de los PEV presentes nos indicó un pronóstico desfavorable que se confirmó tras la intervención (fig. 3).
En los casos avanzados de afectación macular, como en el 27 (DMAE) o 30 (retinopatía diabética), el mal pronóstico visual se predijo correctamente tanto con el método del visómetro como con la EEF en la que los trazados estaban abolidos o muy alterados.
Sin embargo, cuando la maculopatía es muy incipiente (casos 15 y 23), puede ser imprescindible la EEF para detectarla, teniendo en cuenta la posible discrepancia en estos casos con los resultados del visómetro si el diafragma utilizado para la exploración no es el de menor tamaño posible (9). Así, se puede predecir una aceptable visión con dicha prueba y sin embargo los datos electrofisiológicos y sobre todo la exploración de los PEV al rojo nos pueden indicar el inicio de dicha alteración macular, comprobándose en nuestros casos la existencia de drusas centrales o pigmentaciones maculares tras la intervención aún con buena AV.
Al contrario, una catarata con una EEF totalmente normal a todos los estímulos con una prueba del visómetro de AV>0,5, nos excluiría la pérdida de la misma por afectación macular en el 98% de los casos (16,19). Sería aplicable a nuestro caso número 26, en el que en un paciente con catarata traumática los exámenes realizados nos indicaron un buen pronóstico (AV visométrica 0,7 y EEF normal) sin patología asociada por el traumatismo, pronóstico que se cumplió al alcanzar una AV postoperatoria de 0,9 (fig. 4).
En otros casos podría ocurrir que la AV prevista por el visómetro sea peor que la que podríamos pensar por la EEF. Ejemplo del mismo sería el caso número 8, paciente intervenido previamente de desprendimiento de retina. A pesar de pronóstico visual sólo aceptable por interferometría, la existencia de unos trazados de PEV normales, incluidos a estímulos rojos, aún con ERG subnormal, hecho que ya preveíamos dada su intervención anterior de desprendimiento de retina, nos inclinó a emitir un pronóstico visual favorable que se cumplió posteriormente (fig. 5).
En resumen, comparando los resultados de ambas exploraciones en las cataratas evolutivas, Visometría y EEF, constatamos como ya hemos reseñado anteriormente, que mientras el visómetro nos orienta sobre una AV final, la EEF nos indica con mayor precisión tanto el estado funcional macular (PEV rojo fundamentalmente), como el del conjunto de la retina (ERG) y vías ópticas (PEV) siendo más preciso dicho pronóstico postoperatorio.
La exploración con el visómetro se ha podido realizar sólo en 2/3 de los pacientes con cataratas (76%) y es subjetiva, siendo los datos interpretados directamente por el paciente y requiriéndose por tanto su colaboración (20). Por otra parte es mas fácil su realización, y su tiempo de exploración es tan sólo de unos minutos, teniendo por tanto un gran valor práctico (21,22) y más aún si tenemos en cuenta que nos va a indicar al menos y en el 100% de los casos el mínimo de AV que alcanzará el paciente tras la cirugía (23).
En cambio, la EEF, tiene la ventaja además de ser objetiva, de no precisar la colaboración del paciente, de poder realizarse en el 100% de los casos y ser más exacta, aunque también más compleja de interpretar.
Steinberg y col (24) y Bass y col (25), en 1994 y 1995 publican los datos de los estudios sobre las encuestas realizadas a los miembros de la Academia Americana de Oftalmología, así como a los de la Asociación Americana de Optometría que envían a los pacientes para cirugía a los oftalmólogos, sobre la utilización de los diversos test preoperatoriamente en la evaluación de los pacientes con cataratas. En cuanto a éstos últimos prácticamente ninguno realizó la EEF, mientras que un 25% realiza la PAM. Por su parte los oftalmólogos, entre otras pruebas, sólo un 37% responden que usan frecuentemente la PAM y menos del 10% de los que respondieron utilizaban la electrofisiología (ERG y PEV), lo que nos confirma que estas exploraciones son aún muy poco utilizadas en la clínica práctica.
En conclusión, en cuanto al pronóstico funcional en general, consideramos a la EEF combinando el ERG y los PEV como más fiable, puesto que sin dejar de ser compatibles ambas pruebas, los resultados son más rigurosos con esta última. No está influenciada por la opacidad de medios, ni precisa la colaboración del paciente y su porcentaje de predictibilidad es superior a pesar de ser más compleja tanto su realización como la interpretación de los registros. Por su parte la exploración con el Visómetro de Lotmar requiere la colaboración del paciente y una mínima agudeza visual. En cambio es más rápida y fácil su realización e interpretación y aunque su porcentaje de predictibilidad no es tan elevado al menos garantiza un mínimo de agudeza visual postoperatoria.
Creemos que los datos de la exploración combinada del ERG y PEV junto con la medición de la agudeza visual potencial, cuando ello es posible, son exploraciones complementarias que deben ser valoradas dentro del contexto exploratorio y clínico general a añadir en el preoperatorio de las cataratas, ya que estas pruebas nos permiten establecer un pronóstico visual bastante exacto en estos pacientes.
Para terminar, al haber demostrado estadísticamente la supremacía de las exploraciones electrofisiológicas en las cataratas para predecir la AV postoperatoria cuando no es posible visualizar con un mínimo de detalle el fondo de ojo, es de esperar que en el futuro la mejoría de su tecnología y una significativa disminución de su coste, puedan popularizar estas pruebas diagnósticas, que pese a su sofisticación técnica será preciso valorar el coste/beneficio que significan con relación a la importante información que se le puede facilitar al paciente prediciendo su función visual postoperatoria con un mínimo margen de error.
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