![]()
| Número 2 - Junio 2004 | EDITORIAL |
Es muy difícil analizar la Oftalmología Argentina actual fuera del contexto de un país que, en los últimos años, ha cambiado de una forma inédita, se ha empobrecido, se ha endeudado y que está en default con los acreedores internacionales. Por todo esto y por otros motivos, la Oftalmología de nuestros tiempos se debe indagar en forma diferente a las décadas anteriores.
Hasta mediados de los 80, la Oftalmología Argentina transcurrió en forma serena, era una actividad médica con escasas novedades científicas relevantes, de estilo conservador y tradicional y con un número reducido de colegas.
El cambio de la Oftalmología argentina se produce a partir de los años 90. Durante esta década se vio favorecida con la estabilidad económica y por ende la paridad peso/dólar, además coincidió afortunadamente con las grandes novedades y la increíble evolución de esos años de la Oftalmología universal. De esa manera, tuvo el destino de acompañar los últimos adelantos de la especialidad y la gran posibilidad de que un número importante de colegas argentinos pudieran estar presente en los diferentes congresos internacionales y, así, obtener los últimos conocimientos científicos. También dada la bonanza económica, fue posible la adquisición de diversos instrumentos del diagnóstico y/o tratamiento de última generación.
Todo esto trajo un gran beneficio a la formación continua de los ya numerosos oftalmólogos nacionales: se realizaron cuantiosos congresos y reuniones con gran contenido científico y con un alto índice de concurrencia e intervención de colegas en las diferentes disciplinas y la gran posibilidad de conseguir la participación de destacados invitados internacionales.
En los últimos años, nuestra especialidad no tiene el empuje científico de ayer ni las ganas de las anteriores décadas; está más preocupada por otros problemas, existen marcadas divisiones entre distintos grupos de médicos por la puja en la preeminencia de las diferentes obras sociales y sistemas privados se prepagas, debido a que éstas han ajustado sus gastos y erogaciones de acuerdo al estado en que se encuentra el país y muchos oftalmólogos aún creen que no ha sucedido nada en la Argentina.
En lo concerniente a la relación entre colegas, tampoco falta la discordia y las desavenencias. Entre los más destacados oftalmólogos existe una lucha de intereses por ocupar distintos cargos en las Sociedades Oftalmológicas, habiéndose producido también una división de grupos que pretenden llegar a dichos cargos de cualquier manera.
La formación actual de jóvenes profesionales se ve desbordada por la gran cantidad de postulantes. Debido a la abundancia de médicos recibidos, el número de lugares de residencia es insuficiente para tanta demanda y el adiestramiento es inadecuado. Para suplir esta deficiencia se han creado diversas concurrencias hospitalarias y cursos superiores de especialización muy dispares.
Actualmente, es casi imposible seguir acompañando la continua evolución de la Oftalmología Internacional, la presencia de oftalmólogos argentinos en los Congresos relevantes es cada vez menor, la adquisición de equipos es sumamente difícil dada la relación actual peso/dólar y, además, hoy no hay manera de financiar parte de ellos porque es un país que no ha pagado sus deudas y muchos colegas no pudieron terminar de pagar sus compromisos.
Como vemos, es muy difícil apartarse de un país con continuas protestas sociales callejeras, con falta de justicia y seguridad, con un alto índice de desocupación, con una deuda externa cada vez mayor y donde muchos de sus habitantes buscan emigrar a otros lugares con mejores perspectivas futuras, de la realidad oftalmológica actual con gran cantidad de médicos oftalmólogos en relación con la población, con una formación escasa e insuficiente, con bajos salarios, con pagos de prestaciones tardías y exiguas, cada vez más lejos de la posibilidad de contar con la última tecnología y con una educación continua limitada.
Esperemos que el futuro sea benevolente con la Oftalmología Argentina para que vuelva a ser lo que fue en beneficio de las nuevas generaciones de colegas oftalmólogos y de la salud visual de sus habitantes. Pero esto no sólo dependerá de la situación del país sino también de nosotros mismos, quienes tenemos la responsabilidad de conducirla correcta y acertadamente.
Carlos Nicoli
Profesor Adjunto de Oftalmología de la Universidad de Buenos Aires
Presidente de la Asociación Latinoamericana de Cirujanos de Córnea,
Catarata y Segmento Anterior (ALACCSA)
Ex Presidente de la Sociedad Argentina de Oftalmología