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| Número 2 - Junio 2005 |
Abordar cualquier aspecto de la historia de la Medicina es una tarea fascinante, que atrapa poderosamente al estudioso y le conduce de una manera sutil a un afán insaciable de conocer más y más profundamente tanto sus orígenes, sus pormenores y sus incidentes, como la hasta entonces desconocida y oculta biografía de sus principales protagonistas, no sólo los de merecida gloria y reconocimiento, sino la de aquéllos cuya contribución al progreso aún no quedando a la zaga han sido subestimados cuando no ingratamente ignorados o de modo penoso relegados a un injusto olvido.
En efecto, en nuestro sorprendente proceso de indagación bibliográfica imperceptiblemente nos vamos familiarizando con un sinnúmero de fascinantes personajes, unos de perdurable fama e histórico renombre, otros de concluyente mérito que, pese a haber dejado una trascendental impronta, hasta el momento resultan prácticamente desconocidos para la mayoría de los que, de forma primordial, dedicamos nuestro tiempo más a la clínica y la cirugía que al estudio de la historia de la ciencia olvidando, lamentablemente, escudriñar porqué lo que conocemos ahora como obvio y lo que hacemos en el presente de forma natural, ha pasado previamente, gracias a su genio, de una etapa de oscura ignorancia a otra de lúcida comprensión.
El relato de la genealogía del astigmatismo tiene unas peculiares connotaciones que trascienden de la propia historia de la Medicina y es que, con independencia de su relevancia y repercusión biológica, se trata de un fenómeno físico estrechamente vinculado con ramas de las ciencias fundamentales como las matemáticas y de las aplicadas como la geometría y la óptica física e instrumental. No es pues extraño que las primeras aproximaciones a su conocimiento, su propio descubrimiento y el hallazgo de sus posibles soluciones corriera en un principio a cargo de grandes figuras de la época, ajenas a la medicina, que aunaban conocimientos enciclopédicos de ciencias tan diversas como la filosofía, las matemáticas, la física, la astronomía, la química, la óptica, la música y la biología por lo que aquélla, todavía emergente, en muchos casos solo ocupaba marginalmente su quehacer habitual y resulta razonable que hubieran de transcurrir bastantes años para que al fin entrara a formar parte de la naciente oftalmología. Incluir una breve semblanza de algunos de estos personajes es nuestro modesto homenaje a su contribución.