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| Número 4 - Diciembre 2005 | LA OFTALMOLOGÍA MEDIEVAL. EL LEGADO DE LOS ÁRABES |
Ya hemos nombrado algunos de los oftalmólogos del inicio del esplendor de la Oftalmología Árabe. No solamente se tradujeron las obras más importantes de los griegos, sino que se realizaron ampliaciones y nuevos textos de Oftalmología.
Mesué Abu Yuhanna, IX d.C., primero de la saga, comenzó de mancebo de la farmacia del hospital de Jundisabur. Se trasladó a Bagdad y, más basado en su experiencia que en su ciencia, practicó la Medicina con gran éxito, en especial la Oftalmología, siendo conocida su cura en sólo dos días de una oftalmía del propio Califa, que fue el principio de una reconocida influencia dentro de la corte.
Su hijo Juan Ibn Mesué, conocido como Mesué el Viejo, nos dejó sus obras Del examen de los oculistas y De la alteración del ojo.
Hunayn Ibn Ishaq, autor de Diez tratados sobre las enfermedades del ojo, basado en los textos griegos, pero ampliamente mejorado.
Fig. 14. Portada del libro traducción de Vitelo de la Óptica de Alhazén (1572).
Abul-Hasán Thabet Ibn Qorra, célebre traductor de Galeno, prolífico escritor de tratados de Oculística, desgraciadamente perdidos, de los que solamente se tienen algunas citas del titulado El Basir (El Vidente).
Fig. 15. Diagrama del ojo del libro de Alhacén y de Vitelo (1572).
Durante el siglo X, la escuela de Jundisabur queda eclipsada por la de Bagdad. Al mismo tiempo, en Egipto empieza una proliferación de afamados médicos, sin olvidarnos de que en España, concretamente en Córdoba, se funda la primera escuela de medicina de Europa, en el reinado de Abderrahmán III.
Destacarían en este siglo, el persa Al-Razi con su tratado El Continente y De la visión, que no se hace por los rayos que emanan del ojo, De la preeminencia del sentido de la vista, De los párpados y de la utilidad de su movimiento y Por qué el ojo se contrae ante la luz y se dilata en la oscuridad.
Fig. 17. Esquema ocular de Abulcasis.
Los cordobeses Ahmed y Omar El-Haraní, de una prestigiosa estirpe de médicos, y muy conocidos en todo el mundo árabe por haber permanecido en diferentes centros médicos de todo el orbe musulmán.
Fig. 18. Kitäb al-Taysïr "Liber Theizir", edición latina del libro de Avenzoar.
Conocido como Al-Husain Ibn Al-Haytham Al-Basri (Alhacén) es reconocido por Sartón como «el médico musulmán más grande y uno de los mejores investigadores de óptica de todos los tiempos». Hombre muy cultivado, que dominaba la Astronomía, la Medicina y las Matemáticas, escritor prolífico y muy conocido por sus comentarios sobre los griegos. Sus textos sobre Medicina fueron probablemente, lo menos original de sus contribuciones. A pesar de esto, es probablemente el hombre que más influenció el estudio de la óptica hasta Kepler, y sus tratados, la máxima autoridad hasta el siglo XVIII.
El siglo XI es cuantitativamente menos productivo que los anteriores, pero hay que destacar Ali Ibn Isa, también conocido como Jesús Halí, autor del famoso Tadkirat el Kahalin (Memorial de los oculistas) que, posteriormente describiremos, y al también famoso Ammar Ibn Ali Al-Mawsili, autor del Libro de la Selección de la ciencia Oftalmológica. Sin duda alguna son los dos oftalmólogos árabes más destacados. En cuanto a España, resaltaremos al toledano Abu Al-Mutarrif Ad Al-Rahman (Abenguefit), que compuso un tratado de Oftalmología, actualmente desaparecido. A propósito, sería importante recalcar que el mayor tesoro bibliográfico del mundo árabe se encuentra en El Escorial, y muy posiblemente la mayor parte sin descubrir.
Fig. 20. Portada del "Colliget" de Averroes.
Ibn Harun, natural de Trujillo, pero que ganó gran renombre en Sevilla por conseguir curar de una lesión traumática ocular al hermano del Caid. Quizá uno de los oftalmólogos más conocidos a posteriori, sea Khalaf Ibn Abbas Al Zahrawi (Abulcasis) que describe la curación con cauterio de la catarata, la fístula lagrimal y algunas enfermedades de los párpados, en la primera parte de su tratado de Oftalmología. Para pasar en la segunda, a la técnica de extirpación de la catarata por depresión, la cirugía de la fístula lagrimal, el entropión, el ectropión, el tracoma y, en definitiva, lo que constituye un auténtico testimonio del nivel alcanzado por la cirugía oftalmológica hispanoárabe. Médico de la corte cordobesa, coincidió con el máximo esplendor cultural andalusí. Su obra fue traducida por el famoso Gerardo de Cremona en la Escuela de Toledo, editándose versiones al Latín y al Provenzal. Si Córdoba era la segunda ciudad en importancia del mundo árabe, probablemente lo fuera también en manuscritos, ya que disponía de una biblioteca de más de 400.000 volúmenes, gracias al empuje del califa Al-Hakam II, considerado como el más sabio gobernante del Islam.

Figs. 21 y 22. La guía de Oftalmología. Al-Ghâfiqi.
En el siglo XII, continúan muy activamente los trabajos de traducción, fundamentalmente en Al-Ándalus, aunque sin embargo y debido a las Cruzadas, Damasco adquiere una importancia temporal. Merece la pena destacar a Abu-l-Fadail, Abu-l-Faraj y a El-Muafeq Ibn Chaua, todos médicos oftalmólogos egipcios y judíos. En España, no podemos olvidarnos de Abu Marwan Ibn Zuhr (Avenzoar), de una importante y rica familia establecida en Denia, realizó gran parte de su trabajo en Sevilla. Fue probablemente el clínico más importante hispanoárabe, con obras muy difundidas y traducidas al Hebreo y al Latín. Su hijo Al Hafid, ya sevillano, disfrutó de gran reputación hasta incluso en el norte de África, no siendo tan fecundo como su padre.
Muhammad Ibn Yahya Ibn Al Saig (Avenpace) contemporáneo de Avenzoar, nacido en Zaragoza, persona muy controvertida por sus ideas filosóficas que le obligaron a emigar a Fez, como le ocurrió también a Maimónides, pero por motivos diferentes. Fue fiel seguidor de Al-Razi e influenció mucho a Averroes.

Figs. 23 y 24. Manuscrito de Alcoatí.
Muhammad Ibn Rushd (Averroes) en su obra Colliget de los traductores latinos, ofrece una amplia descripción del nervio óptico, aunque negando la existencia del cruce quiasmático.
Ahmad Ibn Muhammad Al-Ghafiqi, cordobés, con la obra ibérica más importante sobre patología ocular conservada en El Escorial La guía de Oftalmología, resaltando los capítulos dedicados a las afecciones oculares en la infancia. Tiene una amplia descripción de la patología y de la terapéutica, muy especialmente del tracoma. Es curioso como recomienda realizar previamente a los tratamientos, una sangría y una purga.
Figs. 25 y 26. Manuscrito de Yani Jame (1560) tomados del libro de Khalifah.
Sulaiman Ibn Harith (Alcoatí), aunque para algunos perteneció a la escuela árabe, y para muchos el nombre árabe no es seguro, nació en Toledo y fue, junto con al-Ghafiqi el que legó obras oftalmológicas más completas. Destacan las numerosas ilustraciones, sobre todo de instrumental, pormenoriza el tratamiento quirúrgico de la catarata y compendia en él, los conocimientos de Galeno, Hipócrates y Abulcasis. Es el eslabón con la Escuela de Salerno y probablemente, muchas de sus obras y teorías se escribieron en Árabe.
Por lo que concierne al siglo XIII, fue muy productivo en tratados de Oftalmología y puede considerarse la última etapa floreciente de los oculistas árabes, destacando a Khalifah Ibn Abi-l-Mahasen, con su famoso El libro que basta en Oftalmología, donde encontramos las mejores ilustraciones de instrumentación quirúrgica y al sirio Ech-Cheibaní Ibn Er-Refiqua, que describe una aguja hueca para la cirugía de la catarata.