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Número 4 - Diciembre 2005 LA OFTALMOLOGÍA MEDIEVAL. EL LEGADO DE LOS ÁRABES

LA CIRUGÍA DE LA CATARATA. TÉCNICA DE LOS MÉDICOS ÁRABES

  

El persa Abu Ruh Muhammad refiere 3 tipos de cirugía de la catarata:

1. Con el cuchillete y la aguja.

2. Sólo con la aguja sólida.

3. Con la aguja hueca.

En el siguiente capítulo comentaremos la cirugía de la catarata por aspiración, para centrarnos en la reclinación en éste.

La incisión conjuntival inicial con un cuchillote, lanceta o pica, sólo se realizaba de forma ocasional por algunos cirujanos y, en cambio, por otros, en todas las cirugías de catarata. El resto de la operación se realizaba por todos los cirujanos árabes de una forma muy parecida.

Descripción de la cirugía de la catarata por Ali Ibn Isa.

  

REQUISITOS DEL CIRUJANO

«Debe tener buena visión, de mente abierta, gran conocedor de la anatomía del ojo y de la teoría de la visión. No puede tener temblores en las manos. Debe realizar la operación con coraje, sin miedo al realizar la perforación con la aguja, sin titubeos. No debe estar ansioso para realizar la operación y debe escoger el mejor momento para llevarla a cabo.»

Casi todos los autores coinciden en que el cirujano debe ser ambidiestro para poder operar el ojo derecho con la mano izquierda y viceversa. La única excepción es Ammar, que recomienda que para operar el ojo derecho, la aguja debe introducirse con la mano derecha.

Los médicos árabes sugieren, «el consejo útil y humano de decir unas palabras amables al paciente tras la introducción de la aguja para aliviar su ansiedad».

  

REQUISITOS DE LOS PACIENTES

«El paciente debe purgarse previamente mediante laxantes, sangrados y la cabeza y el cuerpo deben limpiarse totalmente. El paciente no debe toser, estornudar, estar acatarrado o tener dolor de cabeza ni estar sobrexcitado.»

«El ojo no debe estar rojo, lloroso o doloroso. Los signos de una catarata benigna deben estar presentes». Signos ya comentados anteriormente.

  

MOMENTO DEL AÑO Y DEL DÍA, TIEMPO E ILUMINACIÓN

En general la preferencia era, un día soleado entre el solsticio de otoño y de verano. Sin embargo, encontramos algunas diferencias entre autores.

Hipócrates. «Escoger cualquiera de los dos equinoccios, evitando los solsticios. Esperar 20 días después del inicio de cualquier estación del año, determina su dieta y suavízala».

Ali Ibn Isa. «Debe ser un día soleado entre el solsticio de otoño y primavera. Sienta al paciente de cara a la luz, manteniéndole en la sombra frente al sol».

Hunayn. «Recomendable hacia el final del mes y el final del día».

Ammar. No especifica nada sobre el momento del año, por lo que no le parecían aspectos importantes a tener en cuenta.

  

LA POSICIÓN DEL PACIENTE Y DEL CIRUJANO

Ali Ibn Isa. «El paciente debe sentarse en un cojín suave; ata sus rodillas juntas y contra su pecho y ata sus manos contra sus caderas. El cirujano debería sentarse enfrente, algo más elevado que el paciente. El paciente debe tener su ojo sano cubierto».

Ammar. «Sienta al paciente delante tuyo. Siéntate algo más alto que él, de forma que la cabeza del paciente esté mirando a tu pecho. Dile al paciente que rodee sus rodillas con sus manos».

Recomendaciones similares encontramos en todos los manuscritos. Sólo hay dos excepciones por parte de Khalifah, que asegura tener referencias de un cirujano que operaba con el paciente tumbado y recomienda «El cirujano debería arrodillarse enfrente del paciente, mejor que no sentarse».

  

EL PUNTO DE ENTRADA DE LA AGUJA DE CATARATA

Algunos autores árabes, no especifican a qué nivel de la esclera temporal debe realizarse la incisión. Afortunadamente, la mayoría sí lo hace. Algunos siguen las reglas de Antyllos: «la incisión debe realizarse de forma que su distancia hasta el limbo iguale a la distancia del limbo a la pupila» (unos 3 ó 4 mm).

La mayor parte (Ali Ibn Isa, Khalifah,...) siguen la regla de Paulos, de que la distancia de la incisión al limbo, equivalga al grosor del mango de la aguja (unos 4 mm) «El lugar de la incisión debe ser ligeramente más alta que la pupila. Marcamos el lugar de la incisión presionando el extremo no punzante del instrumento sobre la conjuntiva, o mediante polvos negros de mercurio en algunas ocasiones. Luego girar la aguja y situar la punta triangular sobre la zona marcada. Presionar con fuerza hasta atravesar conjuntiva y esclera, notando que el instrumento entra en un espacio grande».

  

PROCEDIMIENTO INICIAL

Ammar. «Mediante el cuchillo al-barid en la mano derecha, incide en el lado nasal de la conjuntiva donde has realizado la marca para la perforación».

Ali Ibn Isa. «Sólo si la conjuntiva está demasiado holgada y la aguja no la puede perforar, ábrela primero con una lanceta (mibda) y luego perfora con la aguja».

Mencionan sólo conjuntiva y en realidad deberían referirse tanto a la conjuntiva como a la esclera.

Khalifah opina que «hay que tener en cuenta que la conjuntiva es en ocasiones tan gruesa que, a pesar de la rigidez de la aguja, ésta es incapaz de perforarla. Debe usarse el instrumento dhat al-shu'irah, de punta redonda para incidirla. En el caso de que no se posea, pueden usarse las lancetas convencionales (mibda), envolviendo la punta con algodón, de forma que sólo sobresalga la punta afilada. La parte que debe sobresalir corresponde al tamaño de un grano de cebada» (Salah Al-Din dice que debe sobresalir sólo 2/3 partes del tamaño del grano de cebada). «Esta forma de perforar es más segura que usar directamente la aguja».

  

INTRODUCCIÓN DE LA AGUJA EN EL OJO

Los árabes usaban la regla de Paulos y Antyllos respecto a la introducción de la aguja en el ojo. «La distancia de penetración por la aguja debe ser igual a la distancia entre el margen de la pupila y el limbo».

Ali Ibn Isa y Khalifah hablan de «entrar la aguja rotando tras la perforación de forma que la punta de la aguja se vea en la pupila».

  

EMPUJANDO LA CATARATA

Ali Ibn Isa. «Tras la perforación, sigue un pequeño intervalo de tiempo, en el que el cirujano, vuelve a asegurar la posición del paciente y sopla en el ojo para mantenerlo quieto. Luego hay que mover la aguja para verla por encima de la catarata. El iris debe empujarse hacia delante sin lesionarse; por esa razón, la punta de la aguja no debe ser demasiado afilada. La aguja debe moverse atrás o adelante hasta que está exactamente encima de la catarata, sin sobrepasarla ni quedarse corto. En ese momento, mueve la aguja para que deprima la catarata».

  

ÚLTIMAS MANIOBRAS

Ali Ibn Isa. «Después de empujar la catarata, no extraer la aguja para ver si vuelve a su sitio. En tal caso, deprimirla una vez más. Si la catarata no vuelve a aparecer, extraer la aguja lentamente rotándola. El dolor de la cirugía es mínimo».

Khalifah y Salah Al-Din son de la misma opinión.

Sin embargo Ammar recomienda que «el paciente tosa mientras la aguja todavía está en su ojo, para asegurarse de que la catarata realmente ha caído».

Sorprende la descripción de Tabari. «Si tras extraer la aguja escapa un poco de líquido, no preocuparse, puede incluso ser un buen signo».

  

POSTOPERATORIO

Para Ali Ibn Isa «el ojo operado debe vendarse con algodón empapado en una mezcla de clara de huevo y aceite de rosas. El otro ojo debe vendarse también, atando el nudo en la oreja para que no moleste al paciente».

«El paciente debe hacer reposo absoluto sobre su espalda (como si estuviera muerto) en una habitación oscura durante tres días, con su propio sirviente, que le asista en todo momento. No debe mascar y debe comer de forma moderada (sopas de vegetales y huevos), evitando beber mucha agua. Debe administrarse la medicación necesaria para evitar la tos y los estornudos. Podrá levantarse el cuarto día, siendo muy cuidadoso hasta el séptimo.»

Khalifah alarga el postoperatorio durante 40 días.

Tabari cambia el vendaje dos veces al día y no permite bañarse hasta la segunda semana postoperatoria.

Ammar mantiene el ojo tapado hasta el séptimo día, cambiándolo a diario. Permite al paciente sentarse una hora al día, manteniendo la cabeza siempre apoyada. El octavo día, lo destapa, pero le prohíbe estar en un ambiente demasiado luminoso hasta el día 40. Sólo a partir de ese momento, puede el paciente bañarse y realizar vida normal.

Ammar, una vez más, sigue sus propios dictados.

Abu Ruh Muhammad. «En cuanto sale la aguja del ojo, echar clara de huevo, mezclado con mercurio hasta que salga espuma, directamente sobre él y luego ocluir ambos ojos. El tercer día, cambiar el vendaje y lavar el ojo con extracto de rosas. Luego colocar cuatro piezas de ropa ocluyendo el ojo, y cada día quitar una de ellas. Tras la desoclusión total, frotar el ojo cada día con mercurio y mineral de hierro, hasta el día cuarenta. Si el ojo está inflamado, empezar con sangrías y laxantes para el estreñimiento».

Salah Al-Din añade a lo dicho por Ali Ibn Isa. «Evitar sobre todo malos olores y que las moscas le molesten en la cama. Del tercer al séptimo día, lavar a diario con leche materna y luego cubrir de nuevo con clara de huevo y aceite, y vendar de nuevo. Si no es invierno, hacerlo del tercero al quinto, para evitar que el ojo tenga demasiado aumento de temperatura. Luego, llevarlo a una habitación más iluminada, con una tela negra rodeándole el ojo, y el día catorce, ya puede salir a la calle».

  

CASOS DIFÍCILES

Ali Ibn Isa. «Si la catarata no cae, fragmentarla y dispersar los fragmentos por donde se pueda en todas direcciones. Si eso no es posible, clavar la aguja en la zona nasal hasta que sangre, y mezclar la sangre con la catarata; luego empujar el coágulo y la catarata, y ésta no subirá, porque el coágulo se lo impedirá».

  

CASOS ESPECIALES

Ammar deja reflejados dos casos muy interesantes para él.

«Al presionar la catarata de un joven de 20 años, esta se dislocó y se colocó entre la cornea y la superficie anterior del iris. En ese momento, la superficie de la córnea se volvió blanca. Quité la aguja y lo vendé. Al tercer día de reposo, la catarata había desaparecido.»

Clara descripción de una luxación a cámara anterior y de una resolución, no solamente de la localización del cristalino, que al estar tumbado, cae a la cavidad vítrea, sino que, además, describe un edema de córnea que cede al desaparecer el contacto entre cristalino y endotelio.

«En un paciente de 30 años con cataratas congénitas, al tocarle la catarata con la aguja, la catarata cambiaba de color y se podía partir como la piel que rodea la clara del huevo, de forma que se fragmentó sin problemas en fragmentos muy pequeños. El paciente recuperó la visión y juró que no había hecho reposo ni un solo día, a pesar de las recomendaciones. En ese momento, inventé la aguja hueca.»

Hoy día las cataratas congénitas se extraen con facoaspiración, que también es un mango hueco, conectado a una máquina más sofisticada.


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