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| Número 4 - Diciembre 2005 | LA OFTALMOLOGÍA MEDIEVAL. EL LEGADO DE LOS ÁRABES |
Encontramos descritas dos formas de realizar la cirugía de aspiración de la catarata. Una mediante incisión corneal, con posterior introducción de un tubo de cristal o bien directamente mediante introducción de una aguja hueca por esclera.
La incisión corneal inferior fue descrita por Antyllos, que practicaba la introducción de un tubo de vidrio para la aspiración. Recomendaba esta técnica para los casos de cataratas muy blandas, ya que «si la catarata era dura, también escaparía por el tubo el líquido intraocular».
La técnica de aspiración mediante aguja hueca aparece de la mano de Ammar a principios del siglo XI, como alternativa quirúrgica a la técnica de empuje de la catarata, que presentaba como principal complicación postoperatoria la reaparición de la catarata. Para intentar evitarlo posicionaban al paciente tres días tumbado boca arriba. Comenzó a practicar su idea en un paciente con imposibilidad de realizar reposo sobre su espalda. El paciente pudo dormir desde el primer día en cualquier posición, recuperando la visión. A partir de ese momento, utilizó la técnica de aspiración en todos sus pacientes en Egipto, siempre que tuviesen catarata blanda.
«La introducción de la aguja hueca es exactamente igual que la de la aguja sólida. En el momento en que la aguja perfora la esclera, debe deprimirse la catarata de igual manera, hasta que la mitad de la pupila queda limpia, sin catarata. Luego, buscar en cuál de los tres lados de la aguja se encuentra el orificio y orientarlo hacia la catarata. En ese momento el ayudante debe aspirar por el tubo. A medida que el ayudante aspira, la catarata se mueve hacia la apertura de la aguja y en ese momento debe realizarse una aspiración vigorosa para que la catarata entre en la aguja. Sin dejar de aspirar, se extrae la aguja con la catarata en su interior.»
«El ayudante debe tener cuidado de no realizar la maniobra contraria y que ningún fragmento de catarata vuelva hacia el ojo del paciente, si esto ocurre el ojo protuirá. Hay que evitar que la aguja entre en contacto con el líquido protéico intraocular, de forma que el aspirar gran contenido de este fluido, conllevaría a una atrofia del globo .El paciente no precisa reposo en cama. El ojo debe vendarse durante 7 días. Durante los primeros 40 días, está prohibida la exposición directa a la luz solar, el estreñimiento, el vómito, el lloro o cualquier relación sexual.»
No encontramos ningún autor previo que hubiera descrito la técnica, ni siquiera Ali Ibn Isa, contemporáneo suyo y más joven que él, hace referencia a ese tipo de cirugía, probablemente por celos hacia el controvertido Ammar y su innovadora técnica.
La operación de Ammar fue difundida, y ya el persa Abu Ruh Muhammad Al Yamani la describe como una de las tres técnicas de abordaje de una catarata. El sirio Sadid Al-Din Ibn Raquiqah (1168 d.C.) utiliza una aguja hueca curvada para facilitar las maniobras.
Los sirios Kalifah y Salah Al-Din, se declaraban admiradores de Ammar y su técnica. Este último alaba el uso de la aguja hueca metálica respecto al tubo de cristal, dado que el tubo era bastante más grueso y más cruento para el paciente.
La cirugía de Ammar se convirtió en la técnica más usada en Siria durante los siglos XII y XIII. Hay que recordar, que en el Oriente, la catarata aparecía en edades más tempranas y, por tanto, eran más frecuentes las cataratas blandas que en Europa. Tampoco queda claro en las referencias históricas, si los oftalmólogos de Oriente decidían la cirugía en un estadío evolutivo más precoz.
En Al-Ándalus, esta operación no llegó a ser popular. Abulcasis y Alcoatí hablan sobre la nueva cirugía aparecida en Iraq y tan extendida en Siria, sin estar de acuerdo con la teoría y refiriendo no haber visto ninguna aguja hueca.
Ammar realizó en Egipto innumerables cirugías por aspiración. A pesar de esto, Al-Qaysi, tres siglos más tarde, no menciona la cirugía por aspiración en ningún momento, y por el contrario, sigue de cerca a Ali Ibn Isa. Shams Al-Din, de la primera mitad del siglo XIV, simplemente comenta «en algunas ocasiones, la catarata es delgada y ligera y puede ser difícil dislocarla de forma permanente al empujarla, por lo que puede usarse una aguja hueca para aspirarla lentamente.»
Al-Shadhili, de la segunda mitad del siglo XIV, demuestra el declive de la medicina árabe en sus referencias «no quiero desacreditar la cirugía con la aguja hueca, pero se ha perdido el conocimiento de cómo usarse, a pesar de conservar todavía los instrumentos y sus descripciones. En una ocasión observé a un cirujano introducir la aguja hueca, girando el émbolo que llevaba en su interior, pero sin conseguir aspirar nada en los diferentes intentos. Un amigo mío que viajó al Imperio Romano de Oriente, me habló de un cirujano cristiano que compró de la herencia de un médico turco una aguja hueca. Utilizó este instrumento en varias ocasiones, aunque no sabía cómo usarlo. Observó que podía romper la catarata en pequeñas porciones, pero eso dificultaba la posterior dislocación de la catarata hacia el interior del ojo. Incluso uno de los cirujanos más famosos del momento Yusuf Ibn Al-Labban, que conocía la existencia del instrumento, no pudo encontrar en sus múltiples viajes un sólo cirujano que supiera cómo se usaba».
Esta referencia de Al-Shadhili nos da una idea curiosa de cómo la cirugía de la catarata árabe, apareció, floreció y finalmente cayó en el olvido.