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Número 4 - Diciembre 2005 LA OFTALMOLOGÍA MEDIEVAL. EL LEGADO DE LOS ÁRABES

OTROS LIBROS DE INTERÉS

  

Es en los dos últimos siglos de la Edad Media, cuando aparecen algunos tratados importantes de Medicina y especialmente de Oftalmología, escritos en Latín.

A propósito de esto, resaltaremos el Tractatus de Egritudinibus Oculorum ex Dictis Sapientium Veterum Compillatis, recogido por Pansier en la Collectio Ophthalmologica Veterum Auctorum. El manuscrito original se encuentra en la biblioteca de l’Arsenal de Paris y nos da una idea bastante clara de la práctica de la Oftalmología en el siglo XIII, fuera del territorio controlado por los árabes.

Son verdaderamente interesantes los capítulos de la descripción del tratamiento de las cataratas, ya que vienen a reflejar de forma clara y concisa el despertar de la Medicina Cristiana. De autor anónimo, tuvo sin embargo una enorme difusión en las crecientes escuelas centroeuropeas.

Definían la catarata como «la consecuencia de la presencia de un líquido o de un humor extraño en la cavidad uveal, entre el humor acuoso y la córnea, no permitiendo la penetración de la imagen dentro del ojo».

Una original clasificación de las cataratas por su color «la calidad de una catarata se traduce también por su color; las que están como el aire, las blancas y las nacaradas, encontrándose entre ellas gran variedad de mezclas. Las que adquieren el color del limón y las negras. Son favorables los blancos, nacarados y aéreos y sin embargo, desfavorables para el tratamiento con aguja, los negros y plomizos».

La descripción de la sintomatología, es sucinta y exacta, incluso indicando cuáles son los síntomas iniciales por las que se puede sospechar la formación o el avance de una catarata.

Afronta el tratamiento regulando el régimen de vida del paciente y fundamentalmente la dieta, pasando en un segundo tiempo a tratar los factores responsables de la enfermedad, a la fortificación del espíritu de la visión, para finalmente administrar los preparados apropiados para los ojos. Se recomienda alimentos como el pollo, la perdiz, el faisán, el cordero castrado, la vaca de leche, pequeños pájaros, huevos batidos, legumbres hervidas, pan bien cocido y fermentado. Y en cuanto a bebidas, vino ligero con un poco de agua. Piensan que los baños son peligrosos, al igual que las excesivas sangrías, y en general, todas las cosas que debiliten la naturaleza, como el exceso de sal y vinagre. El ejercicio, y después el reposo, son muy saludables. Evitar la cólera, la tristeza y la ansiedad, que son especialmente dañinas en el transcurso de esta enfermedad.

En cuanto al segundo punto del tratamiento, concierne a la evacuación, que se puede obtener con el empleo de reguladores del tránsito gastrointestinal.

Con posterioridad, comenzaban los tratamientos medicinales, fundamentalmente con plantas. La nuez moscada, la eufrasia, la canela, la pimienta, eran utilizadas con mucha frecuencia en sus composiciones. Por cierto, también eran recomendadas para clarificar la visión.

Con respecto a la administración de tratamientos específicos de los ojos, en forma de infusiones, colirios o pomadas, era muy utilizada la destilación del agua de rosas, además de lo anteriormente citado.

Si por fin, el tratamiento debía ser quirúrgico, se exigía una exhaustiva limpieza corporal y de la cabeza del paciente y, en función de la coloración de la catarata, se efectuaba una u otra técnica, explicando cómo se debería posicionar el paciente, el cirujano y la forma de manejar las agujas. En definitiva, una descripción muy parecida a las técnicas quirúrgicas mencionadas por los oftalmólogos árabes.

Como curiosidad, diremos que en el tiempo de abatir la catarata, mantenían la aguja durante el rezo de cuatro Pater Noster para que los humores no remontasen. También es realmente interesante descubrir cómo el postoperatorio se dictaba en función de las actividades del paciente. La dieta postoperatoria debía ser sin carne y sin vino, con leche de almendras, miel y agua purificada con huevos batidos. «Si después de nueve días, el paciente no presenta dolores y no existe otra contraindicación, podrá beber vino blanco con un poco de agua y volver a la dieta preoperatoria». «Después de esos nueve días, el paciente podrá abandonar la cama e insistirle que debe mirar colores verdes y el azul del cielo, que debe proteger su vista de las cosas blancas y brillantes porque debilitan y descomponen la visión».

Algunas partes de las obras de Bienvenido de Salerno merecen ser destacadas. Obra muy conocida, ya que afortunadamente, se han podido conservar muchos de sus documentos y ser traducidos a casi todos los idiomas. Este hombre, prolífico en su obra, debía estar muy convencido de su saber puesto que en Las Curas de las Enfermedades de los Ojos dice «Señores, prestad atención a las medicinas probadas y a las experiencias en la curación de los ojos y de todas las enfermedades que a los ojos puedan afectar, realizadas por mi, Bienvenido de Salerno, que con certeza las he experimentado en mujeres y en hombres, tanto jóvenes como viejos».

«Debéis saber que, según el maestro Michi, las túnicas de los ojos son siete, y los colores de los ojos, cuatro, y yo, Bienvenido, afirmo que en los ojos no existen más que dos túnicas y que no tienen color alguno, que yo lo he experimentado repetidamente.»

Haciendo referencia a la catarata, «se presentan de siete maneras, cuatro de las cuales se pueden curar, y tres no. La primera que se puede curar es como la cal pura, y la producen alrededor del ojo un golpe de bastón, de vergajo, con un puñetazo, una pedrada o es causada por el viento, o por otras parecidas. La segunda es como de color celeste, y está su causa en el estómago, por comer malas viandas; los vapores suben a la cabeza. La tercera especie es blanca como la ceniza; esta enfermedad llega a los ojos por excesivo dolor de cabeza, como jaqueca o por excesivo enfriamiento de la cabeza, o por llorar mucho, o por demasiado velar, o por angustia. La cuarta especie es citrina; la origina un sobrado movimiento, el mucho comer, demasiado trabajo. Se manifiesta por humor o por melancolía».

«Os digo que estas especies no pueden curarse perfectamente, hasta que estén completamente desarrolladas y fijas. La señal que te hará conocer el completo desarrollo es que el enfermo sólo distingue la luz del sol durante el día, o la llama de un cirio durante la noche o al atardecer. Os hago saber, no obstante, que muchos médicos pretenden curar estas enfermedades con polvos, con aguas o con colirios o con medicinas laxativa; mas, por desgracia, están engañados, ya que todas estas enfermedades son engendradas debajo de las túnicas y producidas por los humores secos y por el humor que parece clara de huevo. Y yo, Bienvenido, os explicaré las curas que pueden aplicarse, las cuales os aseguro que he experimentado durante largo tiempo, por la Gracia de Dios.»

«Primeramente purgaréis el cerebro con nuestras píldoras, que nosotros hemos inventado, y tienen el nombre de jerosolimitanas. Al día siguiente harás que el paciente se siente sobre un banco y cabalgue sobre el banco. El maestro se siente delante de él, y procure que mantenga los ojos cerrados. Después, con una mano doble y sujetando el párpado superior por encima del ojo y en la otra mano, sostenga una aguja de plata, y con ella agujeree el ojo por la parte blanca cercana a la oreja. Lo realizarás dando vueltas a la aguja, mas cuando llegaras cerca de la pupila, revolverás la aguja en el interior del ojo, y procurando situar la catarata debajo o encima de la pupila, y cuando tengas la catarata en su lugar colocada, no quites la aguja de repente, sino mantenla en ese lugar el tiempo necesario para rezar cuatro padrenuestros. Después, en nombre de Dios, quita la aguja, volviéndola de la misma forma cuando la introdujiste, y lo realizarás dando vueltas con los dedos. Has de saber que con la punta de la aguja has de quitar el agua pútrida, y cuando lo hayas hecho, coge algodón empapado en clara de huevo y ponlo sobre el ojo del enfermo. Éste, que permanezca tendido en la cama hasta que hayan pasado nueve días procurando que no se mueva». «Ha de comer huevos frescos asados o pasados por agua, procurando que la yema no esté dura, y ha de comer poca clara. Si es joven, que beba agua; si es viejo, beba vino templado. Procura que no coma carne alguna, pues se nutriría excesivamente, produciría demasiada sangre y resultaría contraindicada la cura». «Cuando se hayan cumplido los mencionados nueve días, en nombre de Dios, que se levante, se lave la cara con agua fresca y poco a poco vaya aplicándose a sus quehaceres».

«De esta manera se curan todas las cataratas curables, que son las de los colores de cal, celeste, de ceniza y citrina. No curables las de otra clase. Has de saber que no has de actuar con aguja de hierro ni de latón, porque son demasiado duras, sino de plata, que es más suave, o de oro.»

«Yo aseguro que la de color de cal se cura más rápidamente, aunque presenta peor aspecto, pues aparece en el ojo de repente. La de color celeste, si está bien curada, el enfermo llega a ver perfectamente». «La de color ceniza no puede devolver al ojo al primitivo estado, si no se ayuda de este colirio o electuario que tiene el nombre de jerosolimitano, y que no lo tome con frecuencia». «Ahora, en nombre de Dios, quiero hablaros de la cuarta, que es la de color citrina. Os advierto que es redonda y más dura que las demás. Cuando la tocaras con la aguja de plata, has de bajarla mucho, desde la parte de la nariz hacia el blanco de la parte de la oreja, revolviendo la aguja con los dedos, tal como te he dicho más arriba. En esta ocasión no es preciso preocuparse mucho por las comidas, lo hemos averiguado muchas veces, incluso puede que forzosamente convengan alimentos reconfortantes».

Con respecto a los tres tipos de cataratas que según él no se podían curar, aseveraba: «la primera es blanca. Los médicos de Salerno la llaman gota serena. Los signos con los que se pueden conocer son los siguientes: la pupila es clara y negra, y dentro de la cavidad de los ojos aparece de color uniforme. No tiene en la pupila mancha alguna, y los ojos se mueven alrededor casi temblando, y los párpados como si estuvieran llenos de mercurio. Hemos visto infinidad de personas padeciendo tal enfermedad, y con la Gracia de Dios, hemos tratado bastantes». «Ésta enfermedad tiene origen en el vientre de la madre por algún humor corrompido que contiene. Por eso, tales personas nacen sin poder ver la luz. Hemos intentado aliviarlas, pero no es posible curarlas». «Algunos llegan a darse cuenta de la luz del día y andan con los ojos abiertos como si viesen».

«La segunda especie que se manifiesta con un color casi verde, y no se puede curar. Como la otra, aparece repentinamente, los ojos son claros, pero no pueden ver nada, como si el enfermo no los tuviera. Es la peor de todas.»

«La tercera especie, que se produce cuando la pupila se manifiesta alargada, de color blanco o negro. Ésta no puede curarse con ninguna medicina del mundo.»


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