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Número 4 - Diciembre 2005 LA OFTALMOLOGÍA MEDIEVAL. EL LEGADO DE LOS ÁRABES

DESARROLLO DE LA CORRECCIÓN ÓPTICA CON CRISTALES

  

No tenemos referencias escritas de que en civilizaciones precedentes, se utilizaran de forma rutinaria cristales para la corrección de la visión. Tampoco de que los árabes los empleasen para la corrección de las ametropías. Aún siendo una historia no muy clara, intentaremos reflejar los momentos más importantes, siempre fundamentados, del desarrollo de la corrección óptica con cristales.

Sin embargo, sí que eran conocidas la presbicia y la miopía y, aunque se conocía el poder magnificador de la esfera, nunca se utilizó en forma de gafas ni siquiera para corregir la presbicia. El tratamiento más común eran los ungüentos para fortalecer la visión.

Si se repasan los libros de Ali Ibn Isa, que llevó a cabo un riguroso estudio de los autores griegos, no encontraremos ni una sola referencia a las lentes correctoras. Es curioso, como en el Antiguo Testamento sí se mencionan la fabricación de espejos, el tallado de piedras preciosas y la preparación de cristales, igualmente sin hacer ninguna referencia a las gafas.

Una de las teorías del origen de las gafas, refiere que Marco Polo, en uno de sus viajes a China importa las primeras, que ya eran usadas en dicho país desde hacía décadas, aunque no las referencia en sus escritos.

Redi, realiza un exhaustivo estudio para descubrir al inventor de las gafas, poseyendo importantes documentos referentes a las mismas en su colección personal. Habla de un documento del Monasterio de Pisa que despeja cualquier duda respecto al reinventor de las gafas, Alessandro de Spina, del siglo XIV. En dos cartas del mismo, existen referencias del propio Spina al desconocimiento del inventor original.

Hay que destacar la dudosa historia de Salvino degli Armati, en cuya lápida se encontraba escrito «Aquí resta Savino Armado de la familia Armati de Florencia, el inventor de las gafas… 1317». Queda demostrado posteriormente su falta de autenticidad, por lo que incluso las autoridades obligaron a los monjes a retirar la inscripción.

Hay que remarcar que ni Salvino degli Armati, ni Alessandro de Spina, tenían conocimiento alguno de óptica, por lo que, o bien copiaron, o se adjudicaron un invento ajeno.

Sí parece más lógico que Roger Bacon, monje del siglo XIII con grandes conocimientos en óptica, fuese el inventor. Según cuenta la historia, construyó el primer par de gafas y se las regaló a su mejor amigo, el teólogo Goethals. Éste, inició un viaje a Roma, pero por circunstancias se quedó un tiempo en Pisa, donde conoció a Spina, que probablemente copió la invención de Bacon. Pero de todas formas, por aquél tiempo Bacon había sido encarcelado por sus malsanos conocimientos científicos, por lo que, también probablemente Goethals y Spina, no se atreviesen a revelar su nombre públicamente.

Parece ser que fue en el siglo XIV cuando se difundió y se comercializaó el uso de gafas de lentes convexas, para hacerse de uso común en el siglo XV. Las gafas de los miopes aparecen en el siglo XVI, recordemos la pintura del Papa Leon X, pintada por Rafael con sus gafas cóncavas. La corrección y los cristales cilíndricos no aparecen hasta el siglo XIX.

  


  

«¿Queréis saber lo que piensan los hombres? No escuchéis lo que dicen; examinad lo que hacen»

Beauchêne, Máximes

  

Soy consciente que vivimos en una época en la que el conocimiento ha superado a la sabiduría, pero si algo nos ha enseñado la historia, es que la teoría errónea es asesinada tarde o temprano por la experiencia, que la tradición no se hereda, sino que se conquista con esfuerzo. Así pues, lo que puede permanecer en el tiempo, olvidando incluso sus verdaderos orígenes, se convierte en el tronco de las ciencias y en la base de nuestro propio conocimiento.

En estos tiempos en que priman las innovaciones técnicas, y un cierto afán de individualismo científico que nos haga dignos de mención, deberíamos llevar hacia atrás nuestra mirada, y aprender de aquellos que, antes de innovar, aprendieron de otros, pues ser consciente de su ignorancia fue un gran paso hacia el saber, aunque los otros tuvieran otra cultura, otra lengua u otro color de piel.

«Buscad la ciencia desde la cuna hasta la tumba»; «¡Id en busca de la ciencia a todas partes, hasta la china!»; «¡Echad mano de la sabiduría y no mireis el recipiente que la encierra!».

Profeta Muhammad

  

Es pues importante conservar y transmitir el conocimiento, tanto los aciertos como los errores, así como generar nuevas ideas. Pero al final nunca debemos aislarnos de lo real, de la persona enferma, de su mirada. Esa va a ser la fuente de nuestros propios conocimientos, generará nuestra propia experiencia, escribirá nuestra propia historia y será el origen de nuestras propias satisfacciones.


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