ARCHIVOS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA
DE OFTALMOLOGIA

N.º 5 - Mayo 2001


SECCIÓN HISTÓRICA

MANUEL ISIDORO OSIO Y LAS OFTALMÍAS PURULENTAS DEL RECIÉN NACIDO (1886)

LÓPEZ DE LETONA C


La Oftalmología comenzó a desarrollarse en España merced a la labor de varios médicos nacidos en Hispanoamérica, fue el caso del venezolano Francisco Delgado Jugo y el cubano Juan Santos Fernández, en alguna ocasión nos hemos referido también a un tercero: Manuel Isidoro Osio Valero.

Venezolano como Delgado Jugo, concluye sus estudios médicos en Caracas el año 1865, desplazándose pronto a Europa y en concreto a la capital de Francia donde trabaja al lado de los conocidos maestros: De Wecker, Galezowsky y Mayer.

Se afinca en España a partir de 1876, primero en Barcelona donde funda el Dispensario oftalmológico del Hospital Sagrado Corazón, impartiendo de modo libre algunas lecciones de su especialidad en la Facultad de Medicina y siendo socio fundador de la Academia y Laboratorio de Ciencias Médicas de Cataluña.

Reside en Madrid a partir de 1881, ignoramos la fecha exacta de su muerte, si bien aun vivía en 1895.

Acude con frecuencia a numerosos foros científicos, Congresos, Academias médicas, ...

Su obra, bastante amplia, es recogida en diversas publicaciones médicas no siempre de contenido estrictamente oftalmológico, pero queremos referirnos en este artículo a un folleto en el que aborda un problema muy frecuente en las ultimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX: la oftalmía purulenta del recién nacido.

En 1886 se imprimió en Madrid (Imprenta de Enrique Teodoro) De la oftalmía purulenta del recién nacido.

Dividida la obra en varios apartados, tras una «Dedicatoria a las señoras», habla de la sinonimia de la afección (Blepharitis puriformis neonatorun, Lippitudo Neonatorun), su definición: («Infección de la conjuntiva del recién nacido en el parto»), así como los síntomas: Secrección conjuntival de aspecto citrino y rubicundez del párpado superior.

Apunta algunos datos estadísticos (desde el 31% de afectados en las inclusas de Viena, hasta el 1,70% del Instituto Tocológico de la Universidad de Berlín).

Se refiere después al diagnóstico de la enfermedad, pronóstico y tratamiento, para presentar después un modelo de irrigador destinado a lavar el fondo de saco conjuntival «Constante depósito de pus». Se trataba simplemente de un elevador de los párpados «De hoja» al que convierte en una regadera adaptándolo a una conducción de goma a través de la cual puede realizar lavados oculares con agua templada, disoluciones de ácido bórico o fénico, sublimado, ...

Lo que más nos interesa es la profilaxis, el tratamiento y sobre todo los veintidós puntos en que resume sus opiniones.

La profilaxis es sencilla: dado que la inoculación se producía en el momento del parto, era necesario lavar cuidadosamente los genitales externos e internos de la parturienta antes de tener lugar la expulsión fetal.

Por entonces el tratamiento era ya la instilación ocular de una gota de Nitrato Argéntico, ideado por Credé y que se ha venido usando hasta tiempos recientes.

El autor cita también la posibilidad de utilizar Eserina (dos o tres centigramos disueltos en 10 grs agua, una gota tres o cuatro veces al día), por haber observado con el Nitrato Argéntico algún tipo de complicaciones como úlceras corneales, supuraciones e incluso perforaciones.

Lo más jugoso son los veintidós puntos del resumen. Describe los síntomas en el primero, para indicar en el segundo las formas clínicas bajo las que aparece (leve o catarral y purulenta que puede producir ceguera).

Ya indicó la etiología de la afección y la necesidad de los lavados genitales ante parto. Al producirse éste se lavarán los párpados del neonato con un paño seco primero y luego con unas gotas de ácido bórico, sin emplear en este menester el agua usada para lavar el resto del cuerpo.

«Bueno será seguir el método de Mr Credé», pero si apareciese la enfermedad hay que recurrir al médico de inmediato, evitar que el niño se enfríe y sobre todo desechar el material higiénico ya utilizado. La oftalmía tiene carácter contagioso como es sabido.

Aunque el Nitrato de Plata es el medicamento al uso debe emplearse con cierta precaución y lo aplicará el médico y nadie más pero es necesario en los intervalos realizar frecuentes lavados oculares con agua tibia utilizando incluso el curioso dispositivo al que antes hizo referencia.

La enfermedad suele curarse en tres o cuatro semanas, pero en caso de no dominarse puede ponerse en peligro la vista del recién nacido. En caso de amenazar perforación corneal se podría recurrir a la Eserina.

Pueden aparecer leucomas en la córnea y ofrece una curiosa receta: «polvos de azúcar cande sola o mezclada a partes iguales con calomelanos al vapor» o la pomada de Deutoxido Amarillo de Hidrargirio.

Queda aun el recurso de la punción que realizan autores como Snellen.

En el peor de los casos aparecería un estafiloma, que deformaría la cara, causando fuertes dolores y poniendo el otro ojo en peligro, habría que hacer en caso necesario la exanteración ocular.

En las tres últimas, afirma cómo son los Gobiernos de las Naciones los que deben atender todo lo relativo a la profilaxis de esta afección, creando Institutos Higiénicos de nueva planta, a esta tarea son también convocadas las personas particulares.

Hay que fomentar el estudio de esta enfermedad. El autor vio unos quince mil casos, dio cursos completos en las Facultades de Medicina de Barcelona y Madrid e incluso contribuyó a fundar un Hospital dedicado a estas afecciones.

Pero todo esto no sería muy provechoso si las enseñanzas no se difunden y aprovechan los métodos profilácticos, verdadera base del tratamiento de la enfermedad.

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