ARCHIVOS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA
DE OFTALMOLOGIA

N.º 10 - Octubre 2001


SECCIÓN HISTÓRICA

LA DACRIOCISTORRINOSTOMÍA EN ESPAÑA (1914)

LÓPEZ DE LETONA C


Desde comienzos del siglo XX, se han venido ensayando diversas técnicas quirúrgicas destinadas a solucionar determinadas afecciones de la vía lagrimal en particular dacriocistitis y epíforas que muchas veces aparecían como complicación de las primeras

Estas intervenciones tenían como objeto el encontrar un desagüe natural a la secreción de las lágrimas y dada la vecindad con las fosas nasales, al comienzo, se empezaron a practicar tanto por rinólogos como por oculistas.

En 1904 Toti realiza una técnica basada en la puesta en contacto del fondo de saco lagrimal con la pituitaria nasal, verificando para ello la trepanación de la apófisis ascendente del maxilar superior.

Este procedimiento operatorio fue susceptible de muchas modificaciones introducidas por diversos rinólogos entre ellos Ohm, Kuhn, Fischer y Hessberg.

Por otro lado entre 1908 y 1910 West y Polyak utilizaron la vía endonasal, tallando para ello un colgajo de pituitaria por delante del cornete medio, perforando luego el hueso y resecando la cara interna del saco lagrimal. Diseñaron para ello unas pinzas que poseían una rama cortante.

En España esta vía de abordaje tuvo sus principales seguidores en dos otorrinolaringólogos de Madrid, Adolfo Hinojar Pons, que ejerció esta especialidad en el Hospital Provincial de la capital de España y Fernando Casadesus Castells, catalán de origen, que trabajó con García Tapia en el Instituto de Terapéutica Operatoria hasta obtener la cátedra de la especialidad en Barcelona.

Pese a los relativos éxitos alcanzados por este procedimiento, la dacrio cisto rinostomía en sus dos variantes (externa y endonasal), cayó en desuso durante algunos años, prefiriéndose la extirpación directa de la glándula lagrimal.

En 1921 los franceses Dupuy-Dutemps y Bourguet, pusieron de nuevo en práctica las técnicas citadas anteriormente si bien preferían siempre la vía externa de abordaje.

Durante el mes de abril del año citado los Annales D'oculistique publicaron el primer artículo referente a estos asuntos, que fue discutido tres años más tarde al celebrarse en París un Congreso de la Société Française D'Ophtalmologie.

En suma, la técnica consistía en poner en contacto ambas mucosas, realizando como ya se dijo; la trepanación de la apófisis ascendente del maxilar superior.

En este sentido son de señalar las modificaciones introducidas a este procedimiento por el oftalmólogo español Jesús Basterra Santa Cruz (1888-1963).

Natural de la localidad vizcaína de Orozco, realiza sus estudios médicos en Madrid, obteniendo el grado de doctor en 1911. Viaja por Alemania frecuentando las clínicas de Koeppe y Krukmann, para trabajar a su regreso al lado de Manuel Márquez Rodriguez, el año 1932 obtiene la cátedra de la especialidad en Valencia.

Los Anales de oftalmología publicaron en el número correspondiente al mes de abril de 1925, en su sección de trabajos originales, uno de nuestro autor titulado «Dacrio-cisto-rinostomía. Modificación a la técnica de Dupuy-Dutemps y Bourguet».

En él se describe minuciosamente los pasos del procedimiento, comenzando por el instrumental a utilizar y la anestesia local que se debe realizar, valiéndose del procedimiento descrito por Seide.

Se realizaba una incisión en la piel en la zona ya citada del maxilar superior, aislándose luego el saco lagrimal que se incindía para proceder posteriormente a la trepanación de la apófisis ascendente, posteriormente se disecaba un colgajo de la mucosa pituitaria procediendo a poner ambas en contacto mediante unos puntos de sutura.

Fueron dos las modificaciones que introdujo Basterra a la técnica de los franceses, la primera realizar la trepanación no con escoplo y martillo como hacían éstos sino por medio de un torno de dentista al que acopla brocas de tamaño variable, insertándole también un interruptor de pedal.

Del mismo modo hay variaciones en las incisiones practicadas en ambas mucosas antes de afrontarlas; mientras que Dupuy-Dutemps y Bourget realizaban en la pituitaria una longitudinal, atravesada por otras dos paralelas, el español se vale de una única, también longitudinal, prolongada por partida doble en sus extremos.

El trabajo de nuestro oftalmólogo ofrece toda clase de detalles de la operación, como es el caso del instrumental a utilizar para la sutura de ambas mucosas, se refiere así a dos agujas de Deschamps (Para la derecha y la izquierda) y otra curva de Reverdin Así como los separadores de Müller y Axenfeld.

Merece la pena referirse particularmente al «catgut collargolado de tres ceros (Lecrerc-Lemeland)», que se vió obligado a adquirir en París a causa de romperse el que se disponía en Madrid.

El autor colocaba cuatro puntos para la unión de ambas mucosas, tal como podemos advertir en las magníficas ilustraciones con que se acompaña el trabajo.

Éste finaliza con referencias a los casos operados y los resultados obtenidos. De un total de dieciséis, obtuvo trece curaciones completas (72%), tres parciales (16%) y dos fracasos (11%).

En cuanto a las conclusiones, afirma que la intervención de Dupy-Dutemps, con las modificaciones introducidas, es conservadora, dado que restablece el desagüe lagrimal, soluciona la epífora y la dacricistitis.

Es muy meticulosa y debe suplir la extirpación del saco lagrimal siempre que sea posible, dependiendo su éxito de la buena sutura de las mucosas lagrimal y pituitaria.

Solo en caso de ser defectuoso el estado del saco lagrimal se practicara directamente la extirpación.

Finalmente la dacrio cisto rinostomía se indica en todos los casos de dacriocistitis, quedando excluidas solamente las de origen tuberculoso, sobre todo durante la fase más aguda de las mismas.

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